
Séptima entrega de la presente edición de La Isla de las Tentaciones y lo mejor que podemos decir de ella es que ha sido ligeramente menos aburrida que las anteriores. El programa avanza, las tentaciones se suceden, las traiciones se avizoran pero muy lejanas en el horizonte y Sandra Barneda sigue dirigiendo el cotarro con su habitual cara de circunstancias, como si estuviera dirigiendo un experimento en un laboratorio y los concursantes fueran sus cobayas.
Es admirable el trabajo de edición del programa con las imágenes que ofrecen a los concursantes durante las hogueras. Sin manipular los vídeos, los responsables de esta área son capaces de sembrar la duda en las mentes afligidas de los participantes, que creen ver a sus parejas hacer todo tipo de diabluras cuando, en realidad, están sufriendo las consecuencias de estar separados en ese contexto de fiesta continua, tangas minúsculos y reguetón.
El caso del pobre Atamán es el que mejor representa el talento de los técnicos de Telecinco. El todavía novio de Leila llora todo el rato. Sufre porque ve que su novia viviendo la experiencia con una intensidad que solo a él le puede sorprender. Los espectadores, ya desde el primer programa, sabíamos que Leila iba a ser la gran protagonista de esta edición y la primera en caer en la tentación con todo el equipaje.
En la primera hoguera del programa, la bella canaria vio imágenes de Atamán perfectamente sesgadas en las que parece el José Luis Ábalos de Villa Montaña, cuando, en realidad, el muchacho apenas hace otra cosa que gemir y suspirar por su amada. Pues bien, la bella canaria se indignó con esas imágenes y avanzó que su venganza será terrible. "¿Quiere fluir? Pues bien, vamos a fluir todos", una frase con presagios muy felices de que los próximos programas van a recoger la esencia de La Isla.
Por lo demás, las aburridas siguen queriendo marcharse porque no se esperaban lo que se iban a encontrar. Un momento, un momento ¿Son las catedráticas de este año las únicas españolas de entre 15 y 50 años que no saben de qué va el programa? ¿A dónde creían que iban? ¿A unos ejercicios espirituales? Pero no se van. Lo que está muy bien, porque algunas de ellas pueden comenzar a "fluir" también y dar lugar a una competición con sus parejas para ver quién pone los cuernos más veletos y astifinos.
Julia, del grupo de las plañideras, pidió una hoguera de confrontación con su novio, Luis. La podremos ver esta noche, pero, salvo sorpresa mayúscula, todo seguirá como hasta ahora. Los espectadores queremos traiciones, infidelidades y escenas escandalosas, que es para lo que nos sentamos ante el televisor. Cuanto antes se larguen los pelmazos, mucho mejor.

