Desbandada general y primeras cornadas de gravedad
La labor de edición del programa es tan maquiavélica que unos y otros están a punto de empezar su descenso a la locura.
La Isla de las Tentaciones va cogiendo cuerpo, a pesar de que la selección de las parejas participantes ha sido un completo horror. Seguimos sin entender por qué tenemos que soportar a Julia y qué pretendía esta muchacha participando en el programa. Su novio va para míster (o eso dice él), pero eso no justifica que se apunten a una aventura televisiva en la que ella está sufriendo innecesariamente y, los espectadores, también.
Julia, de hecho, decidió no presentarse a la hoguera de este pasado miércoles, una decisión inédita en las nueve ediciones anteriores del programa que no sabemos si tendrá consecuencias disciplinarias. La joven no puede soportar las imágenes de su novio en la otra villa y, en consecuencia, decidió huir de la realidad. Vano empeño, claro, porque tarde o temprano verá todos esos vídeos, sola o en compañía de su familia, pero no juzguemos el dolor de una mujer enamorada que se ha derrumbado ante toda España para horror de los responsables de Telecinco, que deben ser los más decepcionados.
Para sorpresa de nadie, Laila ha empezado a retozar en la cama con David, el encargado de seducirla con tan buena suerte que apenas ha tenido que hacer el esfuerzo. La bella canariona ya venía predispuesta a "fluir", que es como se llama ahora a lo otro, y lo cierto es que no nos ha defraudado. Atamán, su novio, es el único ser humano que no lo vio venir, lo que dice mucho de su sagacidad para los asuntos del amor. Constatada la traición, ahora le toca a él fluir también, en una espiral de traiciones amorosas que va a convertir la isla en el escenario de una telenovela. Bien por los dos.
Y para que la noche de hogueras fuera completa, las chicas también vieron a sus novios desempeñándose en el proceloso mundo del tanga acechante, lo que produjo escenas de gran dramatismo entre las catedráticas, que no podían creer lo que sus ojos enamorados estaban viendo. Tan es así que Alba, la última en llegar, fue la primera en salir disparada por la playa en dirección a la casa de su churri, algo que ya se ha convertido en una tradición, como el darle una patada al atril y enviar al carajo la tablet mientras Sandra Barneda pide orden a gritos.
Alba no está en buena forma. La chica corrió todo lo que pudo, pero la alcanzaron a los pocos metros, lo que dio al traste con su estúpida fuga. El esfuerzo le pasó factura; se quedó sin aliento y estuvo a punto de tener un vahído para espanto de Sandra Barneda, que trató de mantener la calma con resultados discutibles. Y todo porque vio a su novio divertirse con las solteras y haciendo exactamente las mismas cosas que ellas hacen con los solteros, pero la labor de edición del programa es tan maquiavélica que unos y otros están a punto de empezar su descenso a la locura.
La cosa va bien, por tanto. Superados los primeros programas, a cuál más soporífero, el producto retoma poco a poco el vuelo y ya hay rupturas anunciadas a bombo y platillo. El primer corneado fue Atamán, pero ayer, Lucas se unió a la reata, porque July ha roto también a fluir con Óscar, su candidato ideal.
Hay argumentos de peso para seguir confiando en La Isla, a pesar de que va a ser, sin duda, la peor edición de todas. Entre desbandadas histéricas, acrobacias amatorias y cornadas de pronóstico reservado, el programa merece que sigamos dándole una oportunidad.
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