Menú

La capital de provincias a la que no habías pensado viajar, pero que tiene mucho que ver... y comer

Dos destinos para el nuevo episodio de El Placer de Viajar: la lujosa Ginebra, en Suiza, y Jaén, la capital andaluza que es toda una sorpresa.

La capital de provincias a la que no habías pensado viajar, pero que tiene mucho que ver... y comer

El audio empezará a sonar cuando acabe el anuncio

Dos destinos para el nuevo episodio de El Placer de Viajar: la lujosa Ginebra, en Suiza, y Jaén, la capital andaluza que es toda una sorpresa.
Vista panorámica de Jaén con la catedral destacando por encima de la ciudad. | Alamy

Este episodio de El placer de viajar, cuenta con la colaboración de Norwegian Cruise Line y en él nuestros anfitriones Carmelo Jordá y Kelu Robles invitan a los oyentes a realizar un recorrido dual que conecta los campos de olivos de Jaén con la precisión relojera de Ginebra.

El episodio comienza explorando las raíces de Jaén, una ciudad cuyo nombre ha evolucionado desde la Aurgi romana y la Yaiyan árabe. Su ubicación estratégica la convirtió en un punto de interés fundamental desde tiempos de Escipión el Africano. Los presentadores subrayan que, aunque a menudo queda a la sombra de la vecina Granada, Jaén posee una historia antigua y una profundidad cultural que merece ser redescubierta por el viajero moderno.

Por Ginebra

Centrando su atención en Suiza, describen a Ginebra como una urbe profundamente influenciada por su cercanía con Francia y su ubicación privilegiada a orillas del lago Lemán. El río Ródano atraviesa la ciudad, dividiéndola en zonas diferenciadas donde la naturaleza y la urbanidad conviven en perfecta armonía. La geografía de la ciudad marca su carácter dividido: una parte baja que abraza el lago Lemán y una parte alta que custodia el centro histórico, siendo ambas fundamentales para entender el alma suiza.

Uno de los iconos más reconocibles de la ciudad es el Jet d'Eau, un espectacular surtidor de agua que alcanza los 140 metros de altura. Aunque nació como una necesidad técnica de una central hidráulica en el siglo XIX, se ha convertido en el emblema internacional de Ginebra. Muy cerca, los Bains des Pâquis ofrecen un espacio de encuentro social y relajación sobre el lago, demostrando que Ginebra puede ser sofisticada y, a la vez, abierta a quienes saben disfrutar de sus rincones populares.

El casco antiguo de Ginebra es un laberinto de calles medievales que culminan en la Place du Bourg-de-Four. La influencia francesa es palpable en sus cafés y boutiques, creando una atmósfera que Carmelo describe como hípster pero refinada. Caminar por estas calles es un viaje en el tiempo, lejos de los edificios de cristal de los bancos y las organizaciones internacionales que dominan las zonas más modernas de la metrópoli.

La Catedral de San Pedro es otra parada obligatoria, ofreciendo una experiencia única en tres niveles. Desde su templo protestante de una sobriedad gótica imponente hasta las torres con vistas panorámicas, el visitante puede descender finalmente al subsuelo, que alberga un espectacular yacimiento arqueológico. Este sitio permite contemplar mosaicos y cimientos de la ciudad antigua, tendiendo un puente entre el estado suizo moderno y su pasado clásico romano.

Suiza es sinónimo de precisión, y Ginebra es el corazón de la alta relojería. Los conductores del programa analizan las manufacturas como la de Franck Muller, donde las complicaciones mecánicas elevan los relojes a la categoría de obras de arte. El Museo Patek Philippe es alabado como uno de los mejores del mundo, narrando cinco siglos de historia de la relojería. No se trata solo de medir el tiempo, sino del patrimonio y el oficio transmitido durante generaciones.

El espíritu de la ciudad también está definido por la Reforma. El Muro de los Reformadores se erige en el Parc des Bastions, representando a figuras como Calvino, Farel y Knox. El carácter austero del calvinismo todavía perdura en la identidad ginebrina, evidenciado por leyes históricas que llegaban a prohibir que los comensales fueran vistos desde la calle, promoviendo una seriedad que contrasta con su actual cosmopolitismo.

Por Jaén

De vuelta en España, el Castillo de Santa Catalina domina el horizonte de Jaén. Desde sus alturas, el viajero puede contemplar el mar de olivos y los picos circundantes como el cerro Almodóvar. La fortaleza no es solo un monumento militar, sino un centro cultural que alberga vistas panorámicas inigualables y tradiciones como la sardinada en el día de su patrona. Su integración con un Parador de Turismo lo convierte en un destino ideal para quienes buscan historia sin renunciar al confort.

Un detalle fascinante del castillo es su antigua prisión, que fue la primera en España en prohibir oficialmente por ley el uso de la tortura. Este hito, derivado de las Cortes de Cádiz, marca una transición hacia el derecho moderno. El programa destaca cómo Jaén, a menudo percibida como una ciudad de paso, guarda estos tesoros que son fundamentales para la historia de España y la evolución de sus instituciones.

La Catedral de Jaén, obra cumbre del Renacimiento español, es otra de las joyas mencionadas. Diseñada por Andrés de Vandelvira, sirvió de modelo para muchas de las catedrales construidas en el Nuevo Mundo. En su interior se custodia la reliquia del Santo Rostro, que atrae tanto a peregrinos como a amantes del arte. Su escala y su armonía arquitectónica son un testimonio del poder eclesiástico y artístico que tuvo la ciudad en siglos pasados.

Los Baños Árabes de Jaén, ubicados en el Palacio de Villardompardo, son los más grandes y mejor conservados de toda Europa. Junto con la Judería, narran la historia de una ciudad multicultural donde convivieron distintas fes durante siglos. El trazado laberíntico del barrio judío, aunque muy alterado hoy, mantiene la esencia de su importancia histórica como una de las juderías más extensas del continente.

Finalmente, la gastronomía de Jaén se presenta como una estrella oculta. La ciudad presume de una alta concentración de estrellas Michelin y una cultura del tapeo envidiable. El aceite de oliva virgen extra, conocido popularmente como AOVE, es el alma de cada plato. Desde los tallos matutinos hasta la refrescante pipirrana, los sabores de la tierra son una parte central de la experiencia del viaje en esta provincia andaluza.

El episodio concluye con una invitación a probar especialidades locales como los andrajos, un guiso de masa de harina, o las collejas, hierbas silvestres que reflejan una cocina de subsistencia elevada a placer gourmet. Los presentadores recuerdan que viajar a Jaén o a Ginebra es más que hacer turismo; es sumergirse en los aromas y las culturas culinarias que definen estos lugares excepcionales. Por ello, instan a los oyentes a explorar estos platos típicos para completar su inmersión en la historia viva de Europa.

Escríbenos, explícanos qué te gusta más y si hay algo que no te gusta tanto de El Placer de Viajar, dinos de qué destinos quieres que hablemos y si quieres que tratemos algún tema y, por supuesto, pregúntanos lo que quieras en el correo del programa: elplacerdeviajar@libertaddigital.com.

Temas

En Chic

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj