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La joya amurallada de Cáceres que se salvó del embalse

Granadilla fue desalojada por la construcción del embalse de Gabriel y Galán, pero sus calles y murallas nunca llegaron a quedar bajo el agua.

Wikipedia

Granadilla es uno de los pueblos abandonados más singulares de España. Situado en el norte de Cáceres, sobre una península que se adentra en el embalse de Gabriel y Galán, fue desalojado a mediados del siglo XX ante la construcción del pantano. Sin embargo, el agua nunca llegó a cubrir sus calles y, décadas después, la localidad ha recuperado parte de su aspecto gracias a distintos programas de rehabilitación.

Una villa con más de mil años de historia

El origen de Granadilla se remonta al siglo IX, cuando los musulmanes establecieron allí un enclave estratégico sobre una colina de pizarra. Su posición permitía controlar el territorio y uno de los pasos vinculados a la Vía de la Plata.

En 1160, el rey Fernando II de León conquistó la localidad, que entonces recibía el nombre de Granada. Posteriormente fue repoblada y amurallada, y en 1170 recibió el título de villa.

Su denominación cambió después de la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492. Para evitar confusiones entre ambas localidades, comenzó a utilizarse el nombre de Granadilla.

Durante siglos fue un importante núcleo de población y llegó a ejercer la capitalidad de un señorío que comprendía numerosos municipios de la zona.

El desalojo que dejó al pueblo vacío

La historia reciente de Granadilla cambió con la construcción del embalse de Gabriel y Galán. En 1955 se decretó la expropiación de buena parte de su término municipal, incluido el casco urbano.

El objetivo era construir un gran embalse aprovechando las aguas del río Alagón. Aunque el pueblo se encontraba en una zona que pasó a considerarse inundable, finalmente sus casas no quedaron bajo el agua.

El éxodo de los habitantes continuó durante los primeros años de la década de los 60. Los últimos vecinos abandonaron Granadilla en 1964.

El embalse sí anegó las tierras de cultivo de la Vega Baja, que constituían una parte importante de los medios de vida de sus habitantes. La localidad quedó además aislada, al desaparecer o quedar afectadas varias de las vías de comunicación de su entorno.

En 1965 el Gobierno disolvió formalmente el municipio y su territorio se repartió entre localidades próximas.

Un castillo del siglo XV domina la villa

Hoy, uno de los elementos que más llama la atención al llegar a Granadilla es su sistema defensivo. El castillo fue construido entre 1473 y 1478 por orden de García Álvarez de Toledo, duque de Alba. Su posición elevada permite contemplar desde lo alto el conjunto de la villa y el embalse de Gabriel y Galán.

Las murallas también fueron restauradas durante los primeros años de la recuperación del pueblo. Las obras permitieron reconstruir puertas y distintos elementos del recinto defensivo.

En el interior, las viviendas se distribuyen alrededor de la Plaza Mayor. Algunas conservan elementos de la arquitectura tradicional de la localidad, mientras que otras fueron reconstruidas durante las actuaciones posteriores al abandono.

Entre los edificios destacados se encuentran la denominada Casa de las Conchas, la antigua casa consistorial y varias construcciones vinculadas a las familias que habitaron la villa.

La recuperación comenzó en los años 80

El futuro de Granadilla empezó a cambiar en 1980, cuando fue declarada Conjunto Histórico-Artístico. Ese reconocimiento permitió impulsar los primeros trabajos de restauración.

Cuatro años después, en 1984, la localidad entró en el Programa Interministerial de Pueblos Abandonados junto con Búbal, en Huesca, y Umbralejo, en Guadalajara.

El proyecto no se limitó a recuperar edificios. También convirtió Granadilla en un espacio educativo en el que estudiantes de distintos puntos de España participan en actividades relacionadas con la vida rural y la recuperación del patrimonio.

Durante estas décadas se han limpiado calles, recuperado construcciones, restaurado huertos y acondicionado diferentes espacios del pueblo.

La iglesia parroquial de la Asunción, cuya construcción se remonta a los siglos XV y XVI, también forma parte del conjunto histórico de la villa.

Un pueblo abandonado que vuelve a recibir visitantes

La rehabilitación ha permitido que Granadilla vuelva a recibir visitantes, aunque mantiene un sistema de acceso y horarios.

El pueblo abre de martes a domingo y permanece cerrado los lunes, salvo festivos. Entre abril y octubre dispone de cuatro turnos de visita, mientras que entre noviembre y marzo cuenta con tres.

El entorno también forma parte de la experiencia. El embalse, las dehesas y los bosques que rodean la localidad conforman un paisaje en el que pueden observarse distintas especies de fauna.

Granadilla también ha servido como escenario cinematográfico. Pedro Almodóvar rodó allí parte de ¡Átame! en 1990, concretamente la parte final de la película.

La localidad mantiene además un vínculo con sus antiguos habitantes y sus descendientes, que regresan periódicamente para reunirse en celebraciones tradicionales.

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