Menú

Lo último para hombres: volver al afeitado clásico

Usar herramientas que parecían anticuadas y recrearse en el afeitado no como una obligación sino como un placer: es el retorno del afeitado clásico.

0
Usar herramientas que parecían anticuadas y recrearse en el afeitado no como una obligación sino como un placer: es el retorno del afeitado clásico.

James Bond se encara con el espejo, coge su brocha y empieza a espumar un delicioso jabón inglés en un pequeño bol. Acto seguido coge una navaja barbera, como la de nuestros abuelos, y se dispone a darse un afeitado clásico, de los de antes, tal y como se ha hecho durante siglos.

La escena de la maravillosa película Skyfall, que acababa en un sensual tête à tête con la nueva –y más sexy- Moneypenny disparó la venta de navajas de afeitar, especialmente en el Reino Unido, y ha sido algo así como el definitivo salto a la popularidad de una de las últimas tendencias para hombre: volver al afeitado clásico y, especialmente, convertir lo que hasta ahora era un trámite higiénico en un espacio para el placer personal que combina la masculinidad y el cuidado de la piel.

Además, y esto es también fundamental para muchos de los 'conversos', encontrar un tiempo para estar con uno mismo, para prestarse atención, relajarse y quizá huir del estrés diario durante, al menos, quince o veinte minutos.

¿En qué consiste?

Quizá la principal característica del afeitado clásico es el uso de la brocha de afeitar, ese casi olvidado complemento masculino con el que ser prepara la espuma que protege la piel y facilita el deslizamiento de la cuchilla. La brocha, además de preparar el jabón, ejerce una ligera acción exfoliante sobre la piel y, según los entendidos, deja el pelo listo para ser cortado prácticamente de raíz.

El segundo gran componente del afeitado clásico es la gama de jabones a disposición del aficionado, que es prácticamente infinita: desde productos de toda la vida como los de La Toja hasta prodigiosos jabones artesanos fabricados en Francia, pasando por jabones ingleses de marcas que llevan más 250 años sirviendo a gentleman o la propia corona inglesa, como los Floris de 007, una perfumería abierta al público en Londres en 1730 y cuyos productos son los que, según Ian Fleming decidió al crear el personaje, usa el intrépido agente secreto británico.

Estos jabones y cremas, creados específicamente para el afeitado, se mezclan y espuman con unas gotas de agua –de ahí el término, wet shaving, afeitado húmedo, con el que se refieren a la técnica en mundo anglosajón-. Esta espuma ofrece múltiples beneficios a sus usuarios: es más protectora que los habituales geles de afeitado, mejora el deslizamiento para el paso de la maquinilla, hidrata mucho mejor la piel y, sobre todo, proporciona un conjunto de sensaciones agradables difícil de igualar por los más habituales geles o lo que los aficionados denominan despectivamente "espuma de bote".

Esta variedad de la que les hablo no se circunscribe sólo a procedencias o marcas: también pasa por los ingredientes –completamente naturales o no, con grasas animales o sólo vegetales, mentolados, con éste o aquel componente clave-; las presentaciones -en pastillas guardadas en lujosos estuches de maderas nobles, en más modestas barritas o en crema-, o los aromas, que en algunos son prácticamente neutros mientras que en otros son capaces de llenar el cuarto de baño con un potente olor a perfume o a fragancias naturales que van desde el frescor de la lavanda hasta la calidez del sándalo… Todo un mundo en el que elegir y con el que se podría experimentar un afeitado completamente diferente casi cada día.

¿Qué más hace falta?

Una vez tenemos la cara cubierta por una espuma realizada a partir de un jabón de nuestra elección llegará el momento de la verdad: el afeitado propiamente dicho. Para ello el aficionado al afeitado clásico dispone de dos herramientas básicas: la maquinilla para cuchillas de doble filo inventada por Gillette en la segunda década del siglo pasado; o la tradicional navaja barbera.

Cada una de las opciones tiene sus propias ventajas, pero ambas respetando lo que podríamos denominar principios del afeitado clásico: un trato más amable con la piel y la búsqueda no sólo de un buen apurado sino de una sensación placentera.

Las maquinillas son habitualmente más rápidas y algo más sencillas de manejar que una navaja. Además de que requieren una inversión que normalmente será menor tanto si optamos por una nueva –aunque la mayor parte de la gente ni se lo imagina hay marcas como las alemanas Merkur y Mühle o la británica Edwin Jagger que siguen fabricándolas hoy en día- o bien comprando una de las viejas Gillette que todavía puede cumplir con su función a la perfección y que son objeto de coleccionismo y de un animado mercado de segunda mano.

Las maquinillas no requieren, además, las tareas de mantenimiento que sí necesitan las navajas, que deben ser asentadas después de cada uso y que requieren también afilados periódicos. Sin embargo, los aficionados a la barbera presumen de una "sensación única" y, en lugar de un engorro, suelen encontrar una fuente de placer extra en cuidar de sus navajas.

De nuevo el comprador puede decidirse por comprar una recién fabricada, bien sea por un artesano o firmas como la alemana Dovo o la francesa Thiers-Issard; o por adquirir, y quizá restaurar, una antigua, por ejemplo una vieja Filarmónica española, marca que cuenta con verdaderos fanáticos en todo el mundo.

¿Cómo se hace?

La segunda gran diferencia entre el afeitado clásico y el habitual hoy en día es que, en lugar de pasar una vez por la cara una agresiva cuchilla con varias hojas –o una maquinilla eléctrica-, se prefiere pasar varias veces una única cuchilla.

Así, el método tiene algo repetitivo y un punto zen: se enjabona uno la cara y da una pasada, vuelve a enjabonarse y da otra cambiando el sentido en el que se mueve la cuchilla, un tercer enjabonado da paso al último apurado. Esto, por supuesto, varía según las necesidades y gustos de cada uno, los hay que tienen suficiente con dos pasadas y otros necesitan cuatro; lo más habitual, no obstante, son tres: una a favor del sentido en el que crece el pelo de la barba, otra transversal y una tercera a contrapelo.

Después del afeitado hay quién vuelve a enjabonarse la cara con lo que los aficionados llaman la "espuma de confort", otros prefieren saltarse ese paso y directamente aplicar sobre su piel mineral de alumbre, que ayuda a la piel a recuperarse de los pequeños cortes que puedan haberse producido. Finalmente, un after shave dejará la piel perfumada y tratada para enfrentarse al día a día. Para todo esto, por supuesto, cada uno establece su propio ritual.

¿Dónde comprar?

Algunos de los productos más comunes para el afeitado clásico podrá encontrarlos en casi cualquier supermercado, pero también hay tiendas especializadas a las que se puede acudir a buscar mucho más. Una de ellas es la Perfumería Nuria, en la calle Lagasca de Madrid, un auténtico templo para los aficionados en el que encontrar una gama extensísima de productos y, sobre todo, una maravillosa atención al cliente, con todo el conocimiento que el aficionado necesita y agradece. También son muy recomendadas Casa Rodríguez, en Valencia; o Eliveli Men –que además es peluquería- en San Sebastián.

Si usted no tiene la suerte de poder acercarse a ninguna de ellas no se preocupe, tiendas on line como Gifts&Care le ofrecen también un catálogo extenso y, sobre todo, un muy buen trato al cliente tanto a la hora de solucionar posibles incidencias como por la celeridad con la que sirven sus pedidos, habitualmente en manos del comprador en menos de 48 horas.

Internet es, además, un excelente espacio en el que aprender y encontrar a otros aficionados al afeitado clásico con los que intercambiar opiniones y experiencias. En España dos foros, AfeitadoClasico y Foro Afeitado, reúnen a miles de hombres –y también a algunas mujeres- en torno a una afición común que para muchos de ellos se ha convertido en un verdadero hobby. Un hobby que, día sí y día también, les recompensa con un placentero y relajante afeitado… como los de antes.

En Chic

    0
    comentarios

    Servicios

    • Inversión
    • YoQuieroUno
    • Radarbot
    • Historia