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Katy Mikhailova

La dijjjnidad de un pijama

¿Puede un personaje estrafalario beneficiar a un producto respetable?

Katy Mikhailova
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¿Puede un personaje estrafalario beneficiar a un producto respetable?
Belén Esteban | Telecinco

La semana pasada conocíamos la importantísima y profunda noticia de que el pijama de Belén Esteban, que se podía adquirir en El Corte Inglés a un precio razonable, se agotaba. El pijama pasaba entonces a competir con otras noticias como el sueldo de los grandes hermanos VIP. Pero lo interesante de todo esto no es discutir acerca de si es feo hasta decir basta o es feo a secas; lo positivo del asunto es debatir acerca del hecho marketiniano de que un "embajador" o una"imagen" de una firma -tanto si es decidida por la marca como si no lo es- puede perjudicar a la misma o, por el contrario, beneficiarle. Es decir: si un personaje estrafalario puede beneficiar el proceso de compra de un producto de una compañía respetable y con cierto nivel estético. O ¿cuándo el fichaje de una imagen destroza la empresa?

En la pasada edición de los Golden Globals Awards celebrada hace unas cuantas semanas, Conchita Salchichita aparecía paseando por la alfombra roja, posando cual diva ante las cámaras, enfundad@ en un agresivo diseño de una diseñadora francorusa, Ulyana Sergeenko, que está triunfando entre la ‘crème de la crème’ en París. Extravagante, llamativa, barroca y exagerada es su línea, a pesar de evocar nuestras raíces zaristas aun contando con un apellido clarísimamente ucraniano, pero, ¡en fin!, ese ya es otro debate. A raíz de aquella aparición, al día siguiente publicaba la foto de Conchita Wurst en mi Facebook, y en 2 horas alcanzábamos los 200 comentarios.

¿Qué busca una firma de alta costura al vestir a tal personaje? Unos aseguraban que conseguía denigrar la firma. Sin embargo, particularmente, creo que la estaba dando a conocer. Estoy más que segura de que la mayoría de ustedes desconocían la firma "Ulyana Sergeenko", y que tal nombre sonaría a alguna deportista ucraniana. Y a raíz de estas disputas, su marca personal y empresarial empezaba a quedarse registrada en la memoria de más de uno, aun incluso si es ajeno a la industria. Por lo que, desde un punto de vista profesional, ni siquiera la mala imagen perjudica a una marca, sino que más bien consigue todo lo contrario. Al menos en la moda. En otros campos donde tocamos lo ético, recordando el famoso caso Kit-Kat y la polémica del aceite y demás historietas ecologistas, la presión de las masas fue decisiva. No hay nada como las masas enfurecidas escondidas bajo el cobarde anonimato de Twitter, cual sabandijas malcriadas y egoístas, que alimentan su frustración con el propósito en apariencia de cambiar el mundo.

Pero Belén Esteban y su pijama... es tendencia. Esto me lleva a pensar en otro dilema. ¿Cuántos de los que se pasan el día criticando y envidiando los sueldos de los hermanos VIP no aceptaría convivir bajo un mismo techo con semejantes individuos por 60.000 euros a la semana?, me vuelvo a preguntar. ¿Tenemos un precio? ¿Cuánto cuesta la prostitución intelectual? ¿Acaso ésta es mejor que la física? ¿Dónde está el límite de lo moral? Y ¿adónde llegará esta sociedad? Porque entre Monedero, la bota de Arda y el Sálvame diario, no creo que prosperemos demasiado. Ahora, ustedes, respondan, reflexionen y actúen. No vamos a cambiar el mundo, pero viviremos dijjjnamente.

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