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Katy Mikhailova

La tragedia de Blanco

Se avecina un nuevo ERE, es decir, unos 332 trabajadores se quedarían sin su trabajo por el cierre de 12 tiendas en España.

Katy Mikhailova
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Se avecina un nuevo ERE, es decir, unos 332 trabajadores se quedarían sin su trabajo por el cierre de 12 tiendas en España.
Anuncio de Suiteblanco | Imagen de televisión

Cuando hace un año el gigante saudí Alhokaire, que controla múltiples firmas de moda en el Oriente, compraba Blanco pensábamos que sería un respiro para la empresa que por tantas dificultades pasaba. De hecho, de no haber sido por el grupo de Arabia Saudí es probable que la marca dejara de existir. Pero no todo es oro lo que reluce, y estos árabes no han sido la solución a los problemas de la firma como todos esperábamos. Ahora se avecina un nuevo ERE, por el cual unos 332 trabajadores se quedarían si su trabajo, de los cuales la mitad de los despidos pertenecerían a ciudadanos residentes en el país, debido al cierre de 12 tiendas en España -quedando un total de 110 tiendas de Blanco en todo el mundo tras el ERE-. Esta cifra copa casi el 25% del total de plantilla de Blanco, ya que a día de hoy la empresa de moda emplea a un total de 1250 personas. Y estas cifras duelen más cuando recordamos que hace dos años fueron 711 los despidos.

Promesas utópicas que se escapan a la realidad del mundo empresarial. Ahora ha hecho pública el gigante árabe su intención de inyectar 12 millones de euros en la firma en forma de crédito participativo, tal como explica la propia empresa; y mientras tanto conocemos que han cerrado el ejercicio fiscal de 2015, finalizado el pasado 31 de marzo, con unas pérdidas de 7 millones de euros. Pero no todo es de color negro, pues conocemos que las ventas de enero y febrero suponen un 20% de las ventas totales de 2014; lo que es un indicio de que en 2015, a pesar de empezar con despidos, si continuara con el mismo ritmo de crecimiento como en estos dos meses, podría tener un final feliz. Podría, pero nadie está seguro de ello. Lejos de los fríos números, lo que más molesta fue la falsa promesa de Alhokaire al asegurar que no tocaría más la estructura.

Por otro lado, ¿qué pueden hacer? Les tocó gestionar una empresa en ruinas y, aun haciéndose con la empresa por una cantidad bastante asequible para un compañía del tamaño de Alhokaire, levantar la cabeza de la noche a la mañana —o de un año a otro, que es lo mismo— no es tarea fácil. A menudo pensamos que llega un titán de la industria textil y soluciona todos los problemas. Y ni de lejos es así. Al margen de una buena gestión, hace meses, cuando escribía Blanco se aleja del Chonismo, pensábamos que el nuevo grupo que tomaba las riendas de la empresa española iba a cambiar en profundidad la imagen de la marca y sus diseños. Pero, ya a nivel personal, en todos estos meses —y es que por trabajo no me queda otra que conocer el "género"— no he visto mucha mejoría. Es más: estamos ante una imitación mala de Zara. Esto me recuerda a una película americana de hace años en la que se clonaba a un hombre. Y de cada clon, a su vez, se hacía otro. Así, hasta cuatro. Cada clon era más lamentable que el anterior. Zara copia a las firmas de lujo, y Blanco copia a Zara, y los chinos… bueno, los chinos lo copian todo, y si no, miren a Mulaya y con qué fuerza entra en el mercado.

La gestión es fundamental pero el producto es imprescindible. Y mucho me temo que en el imaginario social colectivo Blanco como firma tiene una imagen destrozada. No sólo por estar en el "candelabro" mediático cuando buscaba un comprador —recordemos que le pedían ayuda a Mango y al Grupo Cortefiel—, sino también porque la mujer española cada vez tiene más gusto. Y esto viene dado gracias a los blogs de moda que van puliendo el estilo de la "hembra ibérica"; que, aunque de momento quede lejos del atrevimiento y el glamour de la italiana, va por buen camino. Y Blanco está empezando a quedarse atrás. 20 años le quedan a Zara, para que los chinos definitivamente, muy a nuestro pesar, consiga alcanzar el mismo volumen de negocio en España; pues, de momento hacen casi lo mismo, pero la ropa huele mal, las bolsas son cutres y sus tiendas pequeñas. Mulaya ya empieza a mejorar en esto que menciono, pero sigue teniendo ese toque hortera que de momento es la esencia de la firma de moda. No nos engañemos. Esperemos, sin lugar a dudas, que aún si se lleva a cabo esos despidos en Blanco, la firma logre seguir funcionando, para un día volver a expandirse y seguir promocionando la marca España en el extranjero. Seamos optimistas y démosle una oportunidad más a la firma, entremos un día a Blanco en lugar de a un Zara, y analicemos qué hay que nos pueda sentar bien. A fin de cuentas, Blanco, aún en manos de árabes, sigue siendo España.

Directora y presentadora de esModa y colaboradora de Es la Noche.

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