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Katy Mikhailova

La vulgaridad de las transparencias

Beyoncé y muchas otras famosas se han apuntado a esta moda que descubre todo y nada cubre.

Katy Mikhailova
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Hace mucho tiempo que me propongo escribir sobre las transparencias y al final nunca me decido por ello. Y es que el pasado lunes se celebraba la Gala Met en Nueva York a la que los asistentes acudían disfrazados; algunos más que otros, hay que decir. Y la protagonista pasa a ser Rihanna, quien se había vestido de yema de huevo roto y cuya cola del vestido era perfecta para posar encima una gigante pizza de pepperoni con queso. Grandes memes históricos ha parido la ironía del ser humano que invierte inútilmente su tiempo en Twitter pero nos regala largas y profundas carcajadas silenciosas.

Sin embargo, a mí me llamó más la atención Beyoncé. La cantante norteamericana aparecía desfilando, cual pavo real, por la red carpet presumiendo de sus bronceados y voluptuosos jamones ‘cinco jotas’ que se observaban entre tanta seda transparente. No es la primera vez que la cantante se viste de esta manera. Las transparencias -cree ella- son su plato fuerte. También Rihanna, Miley Cyrus y otras divas se han enfundado en semejantes "tejidos" que descubren todo y nada cubren. Es como decir nada y todo a la vez.

El fenómeno de enseñar el pecho en su totalidad a excepción del pezón requiere de una especial reflexión, porque a fin de cuentas, por más que esconda una semejante parte del cuerpo, se sigue viendo el pecho en su totalidad. No seamos idiotas. Las transparencias hay que saber llevarlas. Con gusto y con clase. Irina Shayk apostó hace unos meses por un vestido de Versace en color negro y transparente que tapaba lo justo y dejaba ver también, ¡por qué no!, lo justo. Estaba impresionante. Una diva elegante y guapa. Una lástima que lo suyo con Cristiano terminara como terminó. Lo que pasa es que Irina es a la belleza lo que Carletto al fútbol. Si éste vino al mundo con una flor en el culo -que se agradece-, a aquella Dios la hizo tan perfecta que su belleza enamora hasta a las no-lesbianas. Pero lo de Pedroche con las campanadas fue un insulto a la inteligencia del artesano, del diseñador, del sastre y del estilista. Vamos, a la moda en general. Con todos mis respetos a la autora de aquel vestido… No sé si era una cuestión de tallas o qué. Pero enseñar aquellas mini braguitas negras sin tener un cuerpo 10 a lo Shayk es muy cruel. Hasta a Marta Torné, quien hizo después una broma en Hable con ellas, le quedaba infinitamente mejor ese mismo vestido en azul. Pero, para gustos, colores. Luego se siente ofendida la vallecana, en el programa en el que participaba, que yo soy machista por comentar que hay mujeres que desconocen el fuera de juego en un programa de fútbol. ¡Qué barbaridad! Enseñar carnes para subir audiencia es muy feminista. Olé al feminismo de La Sexta.

Y verán, es que esto de las transparencias es tan complicado como lo de los escotes y las minifaldas. A veces caemos en la confusión de pensar que, por enseñar más, más gustamos. Y la realidad, o eso confirman muchos hombres, es que no viene de más dejar algo de misterio. Me venía esto a la cabeza al ver nuevamente a Beyoncé vestir de tal manera. Y me preguntaba: ¿es por llamar la atención, a pesar de que ya no hace tanta gracia, pues a la décima no es novedad? ¿Se debe a que cree que esos vestidos son bonitos? ¿Una recomendación de su estilista? No lo sé. La cantante es atractiva, sensual, y todo lo que ustedes quieran. Pero, ¿de verdad les gusta ese vestido? Ya de Rihanna o Sarah Jessica Parker, ni hablamos, ¿no?

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