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Katy Mikhailova

Viviendo las mil y una noches

Me parece cuando menos absurdo el debate acerca del fenómeno de que el velo forma parte de la identidad de un mujer que practica la religión musulmana.

Katy Mikhailova
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Me parece cuando menos absurdo el debate acerca del fenómeno de que el velo forma parte de la identidad de un mujer que practica la religión musulmana.
La polémica del velo | Cordon Press

Una antigua compañera se pasa el día publicando fotos en su Facebook e Instagram en donde posa con diferentes velos, turbantes y demás gaitas para adornar la cabeza, a modo de guiño a la cultura árabe. Pudo vivir el sueño de las Mil y una noches durante cinco años y aún no ha superado el duro golpe de volver a España. Época gloriosa que queda atrás en el historial del personaje en cuestión. Sin embargo, aún no ha conseguido superar que el pasado pasado es y que hay que empezar una nueva vida.

Es española y, además, se suele definir como "católica, apostólica y romana". Pero sigue poniendo fotos de ese tipo, aun coincidiendo con atentados terroristas por parte de yihadistas que ella misma denuncia en sus redes.

Como dirían los de mi generación: "WTF?" -y no es precisamente "welcom to Facebook". ¿Qué diantres se le pasa por la cabeza a esta mujer? Y es que la protagonista de mi columna me vino a la cabeza a raíz de la polémica de la alumna que no pudo asistir a clase por llevar puesto el velo.

Es un tema profundo y complejo, porque estamos entrando en cuestiones de moral y religión. Pero tenemos la obligación de generar debate para tomar medidas al respecto. Tenemos que defender lo que España representa, y mi humilde opinión es que todo aquel que venga aquí debe adaptarse a nuestra cultura.

Me parece cuando menos absurdo el debate acerca del fenómeno de que el velo forma parte de la identidad de un mujer que practica la religión musulmana. ¿Y si mañana "nace" una religión que impone que los que la practican deben acudir desnudos al trabajo? ¿Acaso deberíamos aceptarla?

Es una falta de respeto hacia los españoles que haya señoras con velo en lugares públicos, y que, por contra, cuando nosotros viajamos a sus países, tengamos que llevar tal "complemento".

Que digan que ellas mismas deciden de manera voluntaria lucirlo me parece una respuesta lógica a la enajenación sufrida como consecuencia de la religión, siendo dicho comportamiento equivalente a la opresión de la mujer y de la femineidad.

Curioso resulta reflexionar sobre las millonarias musulmanas que, debajo de un burka, llevan la última colección de Chanel, Dior y Hermès. Me sabe mal creer que haya mujeres dispuestas a "enterrarse" de esa manera y renunciar a lo que naturaleza les ha brindado. Y lo de mi amiga… o ex amiga… es para darle de comer aparte.

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