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Eternamente en fuga

¿Qué comprarías con Marta Rovira si fueras su "personal shopper"?

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Marta Rovira | Archivo

El otro día estuve de compras por Serrano con Marta Rovira. Sí. Así lo leen. Y es que en mis ratos libres ejerzo de personal shopper, ese término tan de moda que viene a significar que un ser humano precise de la ayuda de otro ser, normalmente también humano, que te acompaña de compras -moda, no la compra de la semana- para ayudarte a vestir mejor y así transmitir una mejor imagen y estar mejor con uno mismo. Todo mejor. Tres veces mejor.

No dudé en preguntarle si el "orange" es el "new black"... y tras discutirlo juntas un rato largo, dedujimos que el "black" adelgaza siempre, pero el "orange" favorece cuando una toma el sol.

Marta no dudó en confesarme que lo que peor lleva al estar lejos de casa es no tener un champú adecuado para que no se les encrespe el pelo. Esto me recondujo, en silencio, a aquel champú anticasta -¡perdón! anticaspa, ¡maldito corrector del móvil!- que promocionaba nuestro amigo Pablo.

Desde luego que los topos para la ropa Marta prefirió obviarlos -supongo, que los topos políticos tendrán otro significado-. Nunca fue ni muy flamenca ni muy de feria de abril. Tampoco los flecos ni lo volantes. Es que ella es muy seria y correcta, como su política. También rechaza el hippy-chic tan apropiado para el Festival Coachella -sí, ese festival de música en California que se está celebrando estos días, al que acuden cientos y cientos de bloggers y celebrities para hacerse, entre otras cosas, una foto con una Noria de fondo-.

También lo intentamos con las rayas… pero, ya saben, las horizontales en su situación no son las más apropiadas. Y no precisamente porque tengan el efecto visual de ensanchar -se sabe de sobra que las que favorecen son las verticales, que son las que "adelgazan"-.

Estampados florales no, que no está el horno para bollos, ni plantas. Y es que ni tan siquiera pudimos cambiarle las gafas. Gafa-pasta son las que ella utiliza, sobre todo si la pasta es ajena, nacional y se puede independizar. Porta gafa-pasta porque, entre otras cosas, "me dan un aire de intelectual", asegura con ese acento tan cerrado y tan suyo.

Eternamente en fuga como las olas, como decía Neruda, podría ser uno de los lemas de Marta. Lo que pasa es que si no se deja asesorar para cambiar su imagen y pasar desapercibida poco se puede hacer con esa estética "independiente" que siempre ha promulgado. Al final mucho denim, americana unicolor, suéter ancho, botas de escalador, y si me han visto no se acuerdan. O no avisen a la policía, al menos.

Mi amiga Marta Romina es así de discreta y alternativa. Leo que al comienzo de mi columna mi corrector de móvil me ha cambiado el apellido. Será que el corrector del Iphone o Samsung supera la inteligencia de algunas personas. Y es que mi amiga Marta se ha marchado de su casa, y huye para que no la encuentre nadie.

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