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Katy Mikhailova

En un mundo progre paralelo...

Ser feminista también implica renegar de ciertos clásicos para los niños. Les ofrecemos algunos cuentos reinterpretados para la ocasión.

Katy Mikhailova
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Blancanieves según las feministas | Cordon Press

Ahora resulta, queridos amigos, que ser feminista también implica renegar de ciertos clásicos para los niños. He aquí la historia de La Caperucita Roja. Que la pobre, el único mal que arrastraba era su excesiva inocencia y bondad. Y que si algo tenemos que criticar, es que tenga de apellido "roja", que suena a La Pasionaria. ¡Anda que no se ha abusado en la moda del típico chubasquero en color rojo con capucha! ¿O también vamos a penalizar la estética que recuerda a una pseudo-ética sexista?

Si seguimos en esta línea, Cenicienta debería ser vetada por representar a la mujer-florero que para salir de una vida de miseria necesita que un príncipe azul la rescate. De hecho, en un mundo progre paralelo, Cenicienta, en lugar de zapato de tacón, lleva unas botas de montaña. ¡Ah! Y las pantorrillas sin depilar.

Blancanieves, en esa otra realidad paralela, es besada por cada enanito previa autorización explícita del ‘si es sí’, autorizando a ser morreada por aquellos que cumplan un requisito específico. Porque, si lo piensan, utilizan a Blancanieves abusando de ella sin poder ser consciente la pobre de lo que está ocurriendo.

Y, más en esta línea, Bella de La Bella y la Bestia es una buscona que decide quedarse con el viejo, feo y peludo al descubrir su castillo y su poderío económico y patrimonial. En otra vida más progre, después de contraer matrimonio con la Bestia, Bella le obliga a vender sus propiedades para donarlas a Podemos y otras obras sociales.

Bromeaban en el perfil de Cabronazi que El Rey León podría ser una especie de historia en la que una pareja de homosexuales decide apadrinar a un niño (a Simba) e intentan cargarse al tío malo de este. (Lo difunde Cabronazi, no yo).

Y Pocahontas... lo cierto es que podríamos estar ante otro caso de fémina-frívola porque, en la primera parte se enfrenta a su familia por un inglés canalla y seductor, John Smith; pero, en la segunda, se va con el snob del moreno… ese de la coleta. Pocahontas, en una tercera parte nunca editada, obliga a los reyes de Reino Unido a pedir perdón a su etnia por haber colonizado sus tierras. Puede que hasta lo consigua. Y, mientras, abre un mercadillo solodario de piezas incas para la vestimenta y el pelo, adelantándose al ‘colonial-chic’ casi 5 siglos antes.

Mulán, en esta onda, podría tener serias dudas sobre su condición sexual. Pero en una realidad paralela y moderna, Mulán, antes de partir a la guerra contras los Hunos, disfrazada de hombre y con la identidad de su padre, se habría sometido a un cambio de sexo. Aunque después, volvería a someterse a otro cambio de sexo para volver a ser mujer y ennoviarse con el general atractivo.

Y, sobre la pobre Alicia de Alicia en el País de las Maravillas, los memes bromean con que podríamos estar ante un claro caso de adicción a los estupefacientes. Lo que nadie se atreve a contar es que Dumbo es otra víctima más de los cánones de belleza estética impuestos por esta nuestra sociedad e industria de la moda y la belleza (y que, por cierto, tanto el lujo con marcas como Loewe o el "low cost" con Primark han lazando sus productos de moda inspirados en este personaje el mes pasado). ¡Anda que no hay críos con los que se meten por tener las ‘orejas Dumbo’!

Y Tarzán… ¡oh, Tarzán! Es un metrosexal hedonista y vigoréxico, pero animalista, que va de moderno y alternativo viviendo en la selva; pero que, a la primera de cambio, se enamora de la guapa y bien posicionada de turno, Jane. Y Jane, víctima de la presión psicológica ejercida por Tarzán, deja sus sueños en Occidente para quedarse en la selva a convivir con los gorilas, imponiéndose, así, una vez más, el hombre sobre la mujer. Jane deja de depilarse. Quema sus sujetadores. Lleva los pechos al aire. Y se pone el peinado a lo Rita Maestre.

Y sobre Esmeralda… atractiva morenaza que seduce al pobre Quasimodo para distraerse, cuando todos sabíamos en nuestro foro interno que no iban a llegar nunca a nada (ahora que, desgraciadamente, Notre Dame es noticia), y que en realidad Esmeralda estaba haciendo una obra de caridad para justificar en silencio su ociosa vida.

En una realidad paralela, habremos conseguido la paz en el mundo. Habremos quemado las bragas y los libros de literatura sexista. Y, en su lugar, ofreceríamos chocho-charlas subvencionadas a los menores para que comprendan que los chochos no son unas innovadoras galletas de chocolate con chorizo. Y mientras tanto, que disfruten de su sábado.

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