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Katy Mikhailova

Usuarios confusos y las cremas de Pedro

¿Con qué crema untar el socialismo para darle más brillo de cara a las elecciones?

¿Con qué crema untar el socialismo para darle más brillo de cara a las elecciones?
La crema antiarrugas de Lidl | Europa Press

Se ha puesto de moda lo de sacar a "concurso popular" qué cremas son "las mejores" para según qué tipo de piel, y todas esas "vainas" que no aportan nada a la sociedad, confunden, y sólo consiguen "engorilar" ciertas marcas.

Esto me recuerda a las listas Peñín o Pekín o Parker (o algo así) de qué vino tiene nosecuántos puntos y, por tanto, porqué beberlo y pagar más por el; y me parece una absoluta pérdida de tiempo comprar vinos guiándonos por la puntuación que les han dado terceros. El vino o te gusta o no. Punto. No hay más. Con las cremas lo mismo: o te sientan bien o no te sientan. Lo que nos hace reflexionar, al final de mi columna, con qué crema untar el socialismo para darle más brillo de cara a las elecciones.

A partir de aquí, todo lo demás: palabrerías, herramientas para subir las ventas, pérdida de tiempo y maquinaria de adiestramiento marketiniano, atontamiento social y confusión… y paro ya, porque se me va de las manos, o de las cremas. Pero la mayoría pica, cae y ni se entera. Seguimos con el fenómeno de la alienación vital, la anestesia moral y el sentido común emocional. Consumimos por impulsos y por indecisión: "10 marcas sostenibles para este otoño", "las cremas solidarias con las que te parecerás a tu influencer preferida", "5 cremas que no conoces pero debes tener", "la crema de Pedro Sánchez que le quita años (y votos)", por ejemplo.

Toda esta temática me viene a la mente a raíz de que saliera esta semana la nueva sentencia sobre la famosa polémica del caso ‘Sunday Riley’: un antiguo empleado de la compañía confesaba que la empresa "reclutaba" a otros empleados para "redactar falsas críticas" en sephora.com. Y es que, la sentencia de la Comisión Federal de Comercio ha sido, cuando menos, desafortunada para la marca.

La estrategia consistía en inventarse comentarios positivos para la firma, creando falsas cuentas en el portal mencionado desde IPs diferentes. De hecho, la torpeza del asunto reside en el error que comete el CEO de la compañía al crear esta campaña interna comunicándola por email (y dejando, así, constancia de ello). En aquel correo daba a conocer un "protocolo" a modo de instrucciones de cómo crear dichas cuentas y qué tipo de comentarios incluir, no sin olvidar las famosas "5 estrellas" con las que autopuntuarse, y borrar las críticas negativas. ¡Todo un genio, vamos!

Lo que podemos ver como un delito en apariencia, la resolución de la agencia gubernamental que acaba de ver la luz no se resumen en ninguna "sanción monetaria" pero sí en una mera prohibición de la "tergiversación del estado de cualquier endosante o persona que revise el producto" y la instrucción a los empleados de cometer este tipo de prácticas para manipular opiniones.

En esta línea, pero sin ser actualidad, me viene a la mente las famosas cremas de Lidl consideradas las mejores por los usuarios, o el caso que terminó en los juzgados (no hace mucho) de la guerra de Mercadona (y la empresa granadina que fabricaba los cosméticos) contra Natura Bissé, por copiar la misma crema (o inspirarse en ella). Una cuesta 4 euros, la otra más de 100, por resumirlo fácilmente, porque si les interesa pueden buscarlo en google. Para todo lo demás, siempre nos quedará la frustración de no haber inventado una crema que mejorara la piel de Pedro Sánchez, no sólo la de la cara, sino esa tan finita que tiene en todo el cuerpo, para que no se le caigan los anillos y comprenda que más vale voto en mano que ciento volando, porque a buen socialista pocas exhumaciones bastan, lo que es pan para hoy y hambre el 10 de noviembre. Feliz gélido sábado desde mi adorada Úbeda.

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