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Katy Mikhailova

¿Dónde está Greta?

Desde la llegada del coronavirus nadie habla de Greta Thunberg.

Katy Mikhailova
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Desde la llegada del coronavirus nadie habla de Greta Thunberg.
Greta Thunberg | Cordon Press

Greta Thunberg no se maquilla, no se hace la manicura, no se tiñe el pelo, tampoco se lo peina más allá de desenredarlo después de cada ducha (quizá se lo desenreden sus padres o agentes). Puede que ni se perfume. Vestirse… se viste con lo justo. Lo justo para seguir pareciendo niña; lo justo para seguir pareciendo humilde; lo justo para dar un ejemplo ecologista, de ‘moda circular’ ajena a las modas y al consumo agresivo. Greta recicla la ropa. Es más: Greta no la lava, para ahorrar agua. Y, lo más importante: Greta ya predijo la debacle de la estética del Coronavirus. Pero, ¿se dan cuenta? Desde que Occidente ha dado la bienvenida a Covid19, Greta ha dejado de importar. ¿Alguien habla de ella?

Hay quien piensa que el Covid-19 está cumpliendo la función de "acelerador de cambios" que tarde o temprano iban a darse, y que al final toda esta crisis no deja de ser un mensaje que nos manda el planeta. Como cruel (o fiel) metáfora, es una guerra entre la naturaleza y el hombre que lleva dominándola desde hace mucho, y, por primera vez, no logra conquistarla.

Y como toda guerra, la estética, ya no importa. Sólo ética y supervivencia. Y en medio de toda esta vorágine, vislumbro la coexistencia de dos tipos de personalidades: los que comenzaron con frustración este confinamiento y que sólo ahora empiezan a acostumbrarse; y los que empezamos con más optimismo, pero estamos viviendo paulatinamente un agotamiento emocional. Muerta la energía, ahogadas las ganas de vestirse (o vestirse bien). ¿A quién pretendemos engañar? ¿A nuestros seguidores de Instagram?

Los analistas más optimistas, mientras somos testigos silenciosos del hundimiento de la industria de la moda y la belleza, nos preguntamos si -acaso- el e-commerce podría salvar este sector. Minutos después, pienso que no hay más que analizarme a mí misma para responder a la pregunta (estoy a 4 kilos de que me rescate Greenpeace, como narraba antaño): moño improvisado en la cabeza, me encuentro escribiéndoles esta columna desde mi sofá, con mi pijama "de conejitos" combinado con la primera camiseta que he encontrado limpia, sin uñas ni maquillaje, y preguntándome, por enésima vez, hacia dónde nos dirigimos y de dónde saldrá el dinero de todas esas ayudas estatales. ¿¡Quién tiene ganas de comprar nada en estos momentos!? Porque yo, siéndoles sincera, no. ¿A quién le importa ya la imagen? ¿Los kilos de más? ¿La grasa de menos?

Durante las últimas semanas me he centrado en analizar las tendencias estéticas en época de pandemia, así como el apartado solidario de las grandes marcas de moda y de belleza. Ahora toca lo más desagradable: la cuantificación objetiva del -potencial- ‘crack’ por el Covid-19 en la moda.

Y es que, entendiendo la moda (no como una industria que crea sueños frívolos) como una herramienta de crear empleo y riqueza, el número de afiliados de Seguridad Social en este sector se posicionaba en marzo en 132.000 personas en España, lo que supone un retroceso del 4,5% respecto al mes anterior. Esto supone además un retroceso del 6,7% respecto a marzo de 2019. El calzado encabeza el apartado más perjudicado de la industria, representando un descenso interanual de 10,7%, seguido del textil que copa un 7,2%. Estamos ante sólo el comienzo de una dramática situación cuyo final desconocemos.

Recordemos que Tendam (Grupo Cortefiel) anunciaba un ERTE al poco de decretarse el Estado de Alarma, afectando así a 7.000 personas. En esta línea, H&M despedía (temporalmente) a 5.600 trabajadores; Mango, a 4.767; Desigual, a 1.359; Adolfo Domínguez, a más de 900 personas. Inditex, a la espera de saber si se prolongo o no el Estado de Alarma (sobra decir lo que sabemos pero que el Gobierno calla). En tal caso, el despido temporal del gigante de la moda de Amancio Ortega podría afectar a 37.000 empleados. Situación que, no obstante, no salpicaría a los empleados de los almacenes logísticos para garantizar los pedidos online. ¡Sí! Esos pedidos online que a más de uno le podrían alegrar el día, pero que, si seguimos con la solidaridad de evitar contagios, mejor que no pidamos nada que no sea imprescindible. Por no hablar del ‘bajonazo emocional’, el miedo a gastar y las temporadas de moda obsoletas, porque ya los lunares no apetecen.

A nivel más discreto, todas las marcas españolas, encabezadas por diseñadores independientes, que forman parte de la ACME (Creadores de Moda de España) como Agatha Ruiz de la Prada, Roberto Verino, Ion Fiz, Devota & Lomba, Francis Montesinos, entre otras tantas, también se están viendo afectadas. De hecho, Modesto Lomba, presidente de la asociación, anunciaba hace una semana que todos los socios de la ACME podrían sufrir pérdidas cercanas a los 90 millones de euros sólo en el mes de marzo.

Según un estudio de McKinsey, el 89% de las empresas de la industria de moda se van a enfrentar a serios problemas financieros si la cuarentena alcanza, al menos, dos meses. La consultora, de hecho, analiza la situación de China, y observa que, una vez reabiertas las tiendas de moda en el país, el 75% de la población ha seguido evitando los centros comerciales.

Ha llegado el momento de abrazar una moda más honesta y natural. Una estética lejos de la ostentación y el barroco, y que ponga en alza la naturalidad de no poder teñirse las raíces, depilarse bien las piernas, broncearse en un viaje relámpago al Caribe o en las cabinas de Rayos UVA, asumiendo que cuando se nos agote un perfume su "reemplazamiento" no será tan fácil. Y que esto es lo que hay. Que el cisne negro tiene forma y color de rinoceronte gris con origen de murciélago, y que Greta Thunberg ha pasado de estar de moda con la aparición de Covid19 porque su discurso ha quedado obsoleto e innecesario. Los ecologistas ya no velan por el planeta sino por sobrevivir encerrados en casa y ayudar a que los demás sobrevivan. Covid19 nos está dando una lección (muchas) de en qué hemos estado perdiendo el tiempo.

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