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Katy Mikhailova

Acayetanarse

Los únicos que ahora no van en Metro son Pablo Iglesias e Irene Montero. Ellos sí se han acayetanado.

Katy Mikhailova
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Los únicos que ahora no van en Metro son Pablo Iglesias e Irene Montero. Ellos sí se han acayetanado.
Cayetana y Belén Esteban | Cordon Press

Este miércoles he cogido mi primer metro post-covid. Empezó a llover. Mi paseo se truncó. Así que, con mi vestido veraniego de temporada pasada de 15 euros comprado en Mango y acompañado de un Loewe de la temporada 2014, me subí a un vagón de Metro Madrid cuyo trayecto (mi habitual trayecto) fue Colón-Argüelles. Y a mucha honra. ¡Tenemos un Metro que ya quisieran los parisinos! El glamour es ese que llevas dentro. La actitud. Pero la solidaridad, el sentido común, el respeto y el compromiso con la sociedad, que no nos abandone. Con o sin Loewe. ¡Lo que lleves no importa! Lo que cuenta es la cultura, que a veces brilla por su ausencia. Combiné todo ese outfit, con una mascarilla de mi querido amigo diseñador Eduardo Navarrete. Hasta aquí, todo bien.

Yo voy en Metro. Tengo amigos que van en Metro. Belén Esteban tiene amigas que van en metro. Y seguro que Jorge Javier también. Quienes seguro que ya no van en Metro a ninguna parte son Pablo Iglesias e Irene Montero. Ellos sí que han perdido el contacto con la calle y se han ‘acayetanado’. Sospecho que este siempre fue su objetivo inicial.

Pero no importa. La vida sigue, aunque no todos los españoles pueden decir ya lo mismo. El Gobierno no ha estado a la altura de las necesidades de los españoles. Y parece ser que decirlo en una cadena de "rojos y maricones" (en palabras de Jorge Javier), ofende. Incomoda. Asusta.

Nunca pensé que llegaría a decir esto. Pero ahí voy, me lanzo: hoy me siento Belén y menos Cayetana. A pesar de aquel pijama morado de Gran Hermano Vip que no consigo olvidar, el discurso de la "ex princesa del pueblo" es sincero y habla desde el sentido común. Belén ha pasado de princesa a emperatriz. Pero por mucho que la asciendan, no va a perder su espontaneidad.

Cada vez que "cojo un Metro" (¡que me encanta! Ya lo he contado aquí más veces), voy relajada disfrutando de la diversidad estética. Están los despistados bohemios; los directivos que evitan el atasco, vestidos de traje y corbata; también el deportista; el que lleva vaqueros rotos, o pantalón pitillo para enseñar tobillos tatuados, y demás. Todo convive con todo. No hay modas. Hay "coexistencias estéticas". Y no se hacen distinciones entre ‘cayetanos’ y ‘princesos del pueblo’). Estas etiquetas, curiosamente, se han gestado desde el léxico de la rama social más intolerante.

El lunes tuve un directo en Instagram desde la cuenta de @boadillaJoven con Agatha Ruiz de la Prada, y coincidimos en que esta pandemia no ha hecho distinción ni de clase social, ni económica ni cultural. Y ahora, la estampa de metro es la de todos nosotros escondidos tras una necesaria mascarilla. Agatha me contaba que le resultaba interesante fijarse en las miradas de la gente. Ahora toca sonreír con los ojos y transmitir más. De alguna manera la mascarilla que nos ponemos nos ha obligado a quitarnos la otra, la de la sonrisa forzada. Puede haber más verdad en la sombra de un tejido, que en una luz imitada. Pero la lectura esperanzadora es que por muchas mascarillas y mordazas que se le pongan a la ‘ex princesa del pueblo’ no callarán su mensaje sencillo, claro y popular. Hoy, con orgullo y aunque nunca me ponga "el pijama", somos todos un poquito más Belén.

Directora y presentadora de esModa y colaboradora de Es la Noche.

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