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Seis hábitos sencillos para recuperar la calma y evitar la ansiedad del 1 de enero

Pequeñas rutinas como la respiración consciente o evitar pantallas al despertar ayudan a combatir la autoexigencia al inicio del nuevo curso.

Pequeñas rutinas como la respiración consciente o evitar pantallas al despertar ayudan a combatir la autoexigencia al inicio del nuevo curso.
Pixabay/CC/IqbalStock

Tras la intensidad de las celebraciones de fin de año, el 1 de enero suele amanecer con una mezcla de silencio y expectativas. Es el día de las "hojas en blanco", pero también el momento en el que muchas personas se imponen cambios drásticos y listas interminables de propósitos. Frente a esa autoexigencia, cada vez más voces proponen un enfoque distinto: comenzar el año cultivando la calma a través de pequeños hábitos sostenibles.

Como bien todos saben, el bienestar y la felicidad no responden a una fórmula única. De hecho, son conceptos subjetivos, influidos por factores como la situación personal, el entorno social, el clima, la alimentación o el descanso. Sin embargo, la investigación en este campo coincide en que no son los grandes logros los que garantizan una vida más plena, sino la suma de pequeños cambios positivos mantenidos en el tiempo. Los llamados microhábitos permiten mejorar el estado de ánimo y la salud sin generar presión ni frustración. Entonces, ¿cuáles son los mejores hábitos para comenzar el nuevo año?

Respirar y bajar el ritmo: Uno de los gestos más sencillos y eficaces para empezar el año con calma es la respiración consciente. Dedicar uno o dos minutos a una respiración profunda, como la técnica 4-4-6, ayuda a regular el sistema nervioso y a reducir el estrés casi de inmediato. No se trata de largas sesiones de meditación, sino de crear pequeños espacios de pausa a lo largo del día para reconectar con el cuerpo.

Un comienzo sin pantallas: La forma en la que empieza la mañana marca, en muchos casos, el tono del resto del día. Resistir durante los primeros minutos la tentación de revisar el móvil permite evitar una sobrecarga temprana de estímulos. Regalarse diez minutos de silencio, estiramientos suaves o simplemente disfrutar de un café mirando por la ventana ayuda a comenzar el año desde un lugar más consciente y menos reactivo.

Mover el cuerpo con disfrute: El movimiento también juega un papel clave en el bienestar, pero no desde la obligación. Caminar, bailar o dar un paseo en bicicleta durante unos 20 minutos puede ser suficiente para mejorar el ánimo y la energía. Una propuesta especialmente útil es la llamada "caminata de observación": salir a pasear sin música ni distracciones, prestando atención al entorno, al ritmo de los pasos o a la temperatura del aire. Este ejercicio sencillo de mindfulness ayuda a anclar la mente en el presente.

Una sola cosa a la vez: En una cultura que premia la multitarea, practicar el "monotasking" puede convertirse en un auténtico acto de autocuidado. Leer sin interrupciones, cocinar con atención o conversar sin mirar el teléfono reduce los niveles de estrés y mejora la concentración. Centrar la atención en una sola actividad favorece una sensación de control y conexión con el momento actual.

Gratitud y nutrición sin extremos: Antes de formular deseos para el nuevo año, cultivar la gratitud puede cambiar la perspectiva. Anotar al final del día tres cosas positivas, por pequeñas que sean, ayuda a entrenar la mente para reconocer lo que ya funciona. A esto se suma el cuidado básico del cuerpo mediante microgestos, como beber un vaso de agua al despertar o añadir una fruta o verdura extra a las comidas, sin recurrir a dietas restrictivas.

Un ritual para cerrar el día: La calma también se construye por la noche. Crear un ritual de descompresión antes de dormir, como apagar pantallas 20 o 30 minutos antes, leer unas páginas o realizar una rutina de cuidado personal más lenta, le indica al cerebro que es momento de descansar. Priorizar el sueño es una de las formas más eficaces de cuidar el bienestar a largo plazo.

Empezar el año con calma no implica renunciar a los objetivos, sino elegir un ritmo más amable. A través de estos pequeños hábitos, el inicio del calendario puede convertirse en un refugio que acompañe, paso a paso, durante todo el año.

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