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JOMO, el placer de perderse cosas o cómo ganar libertad frente a la esclavitud digital

La disponibilidad permanente difumina la frontera laboral. Una gestión consciente de la tecnología permite recobrar el equilibrio y la atención.

La disponibilidad permanente difumina la frontera laboral. Una gestión consciente de la tecnología permite recobrar el equilibrio y la atención.
Pixabay/CC/Fotorech

Durante la última década, un acrónimo se ha colado poco a poco en nuestro vocabulario como una alerta constante: FOMO, el miedo a perderse algo. Ese impulso que nos empuja a decir que sí a todo, a revisar el móvil cada pocos minutos y a mostrar una vida perfecta en redes sociales. Sin embargo, como reacción a esta hiperconexión agotadora, ha ido ganando fuerza una filosofía opuesta: el JOMO, o Joy of Missing Out, el placer de perderse las cosas.

De hecho, es importante tener claro que el JOMO no nace del aislamiento ni del rechazo a la vida social, sino de una decisión consciente: priorizar el bienestar personal, disfrutar del momento presente y liberarse de la presión de estar siempre disponible.

Del miedo a la calma

El FOMO se alimenta de la comparación constante. Las redes sociales muestran experiencias ajenas idealizadas que generan ansiedad, vacío y una necesidad permanente de validación. El resultado es una agenda saturada, dificultad para decir "no" y una sensación persistente de no estar nunca donde deberíamos.

Por su parte, el JOMO propone justo lo contrario. Frente a la reacción automática, invita a elegir. Frente al ruido externo, apuesta por el enfoque interno. Sus emociones asociadas son la calma, la autenticidad y el alivio. Sus comportamientos, el autocuidado, el establecimiento de límites y la valoración de la calidad frente a la cantidad de interacciones.

A nadie se le escapa que la hiperconectividad ha difuminado los límites entre la vida personal y profesional. Mensajes de trabajo fuera de horario, grupos de WhatsApp constantes y una disponibilidad permanente que acaba generando agotamiento. Además, la promesa inicial de las nuevas tecnologías —más libertad y mejores relaciones— no se ha cumplido del todo. Al contrario, se ha producido un solapamiento de esferas que ha generado estrés y desorden vital. Por eso, cada vez más personas se plantean "bajarse del carro" y recuperar espacios de desconexión.

El cerebro en modo pausa

Miramos el móvil una vez cada diez minutos, y los menores de 25 años lo hacen incluso cada siete y el 65 % de los españoles volvería a casa a por su teléfono si se lo olvidara. Estos datos reflejan una dependencia clara, pero también un cambio de conciencia. Cada vez más hogares consiguen, por ejemplo, cenar sin móviles sobre la mesa.

La ciencia respalda esta necesidad de desconexión. Al reducir estímulos constantes, el cerebro puede salir del estado de alerta permanente y entrar en un modo más reflexivo, donde se procesa mejor la información, se reducen la ansiedad y el estrés y se favorecen la creatividad y el descanso.

Desconectar también es ganar

Un estudio del Instituto de Investigación de la Felicidad mostró que quienes dejaron de usar redes sociales durante una semana se sintieron más felices y menos preocupados. Aumentó su satisfacción vital y también su actividad social fuera del entorno digital. Menos pantalla no significó menos relaciones, sino relaciones más significativas.

Para Enric Puig Punyet, profesor colaborador de la UOC, estamos en un proceso de aprendizaje colectivo tras comprobar los efectos de una conectividad llevada al extremo. Las dinámicas adictivas fomentadas por los grandes modelos tecnológicos han evidenciado sus límites, y la desconexión digital se perfila como una tendencia al alza.

Cómo empezar a practicar el JOMO

Practicar el JOMO no requiere desaparecer del mundo, sino usar la tecnología de forma más consciente. Reducir notificaciones, establecer momentos sin móvil, disfrutar de actividades analógicas o simplemente permitirse no estar al día de todo son pequeños gestos que marcan la diferencia. Como resume Christina Crook, autora del libro JOMO: encontrando el equilibrio en un mundo conectado, se trata de disfrutar del momento sin compararse constantemente con los demás.

El JOMO no es una moda pasajera, sino una respuesta lógica a una sociedad saturada de estímulos. Al final del día, la pregunta clave no es qué nos hemos perdido, sino qué hemos ganado al decidir no estar disponibles. A veces, perderse el ruido exterior es la única forma de encontrarse.

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