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Los científicos constatan que 2024 fue el año más cálido, pero reconocen que no saben por qué

La pasada semana se confirmó que el 2024 fue el año más cálido desde que hay registros, pero ni se sabe la razón ni hay consecuencias catastróficas.

La pasada semana se confirmó que el 2024 fue el año más cálido desde que hay registros, pero ni se sabe la razón ni hay consecuencias catastróficas.
La extensión de la capa de hielo en el ártico está en niveles como los que tenía en 2007. | Pixabay/CC/derdento

2023 y 2024 han sido los dos años más cálidos en el planeta Tierra desde que se guardan registros fiables de temperaturas, un dato que se hizo público hace unos días y que, por supuesto, ha sido usado como siempre para la propaganda acrítica sobre la llamada "emergencia climática".

Sin embargo, hay varios aspectos de la cuestión que relativizan mucho la realidad de ese dato y que la Asociación de Realistas Climáticos (ARC) analiza en un interesante comunicado en el que destaca que estos datos que se presentan como muy alarmantes se deben a factores naturales, tal y como reconoce el IPCC en su Sexto Informe de Evaluación –página 517– y, además, son completamente normales: "Al igual que un niño que crece bate su récord de altura cada poco, un planeta que se calienta hace lo mismo con su temperatura", se explica en el texto de la Asociación.

Hay más datos de interés en el comunicado que, por ejemplo, explica cómo "el aumento de CO2 en la atmósfera este último año ha sido de tan solo 3,5 partes por millón (un 0,8%)", por lo que es "demasiado poco para que se note su efecto sobre la temperatura global".

En este sentido, llama poderosamente la atención que en realidad los científicos "no saben qué ha causado la subida abrupta de la temperatura global en estos dos años", tal y como destaca la ARC en su comunicado, en el que cita un artículo en Nature del director Estudios Espaciales Goddard de la NASA, Gavin Schmidt, en el que reconocía, desde su mismo título que "los modelos climáticos no pueden explicar la enorme anomalía térmica de 2023". El texto se publicó en marzo del pasado año y en él Schmidt admitía, tal y como subraya la ACR, "con una franqueza poco habitual en los climatólogos", que la anomalía de temperatura de 2023 había "surgido de la nada".

Más energía solar y menos nubes

Lo cierto es que hay una serie de fenómenos que sí que han contribuido a esa mayor temperatura, si bien no se sabe qué los ha provocado. La ARC menciona, por ejemplo, que los satélites han detectado desde 2023 un fuerte aumento en la energía del Sol que llega a la superficie de la Tierra, lo que obviamente supone más calor.

Además, tal y como un artículo publicado en Science explicaba: también en 2023 tuvo lugar "una reducción sin precedentes de un 4% en la capa de nubes bajas de los trópicos y el hemisferio norte". Esto provocó que parte de la radiación solar que normalmente se refleja incidiese sobre la superficie, "calentando los océanos de forma inusitada".

Y, al menos por el momento, se desconoce qué provocó esa reducción de las nubes, si bien hay varias razones a las que se podría atribuir, entre las que probablemente la más destaca sea la erupción del volcán submarino Hunga Tonga en enero de 2022, si bien tampoco hay precedentes de una erupción submarina que alcance la estratosfera depositando en ella la inmensa cantidad de vapor de agua que causo esta y que podría ser capaz de alterar el clima.

Más calor pero, ¿más consecuencias?

Otro aspecto que reseña el comunicado de la ARC es que por primera vez la temperatura global ha sido 1,5 grados más elevada de lo que era antes de la era industrial, es decir, antes de que la contaminación empezase a provocar cambios en el clima, si damos credibilidad al relato de los alarmistas de la "emergencia climática".

Se trata de una frontera artificial que fue establecida en 2018 como un hito relevante que aumentaría los riesgos derivados del calentamiento, sin embargo la realidad que destaca la ARC es que pese a los 50 años que lleva subiendo la temperatura de La Tierra "los riesgos que se anunciaban hace décadas no han tenido lugar": ni el nivel de los mares ha subido de forma significativa, ni los corales han desaparecido, ni el hielo del Ártico se ha fundido, por poner tres ejemplos significativos.

Así, a pesar de que 2024 ha sido el año más cálido la capa de hielo ártica era en septiembre de 4,4 millones de kilómetros cuadrados, más de lo que había en 2007, hace 17 años. Asimismo, las mediciones del Instituto de Ciencia Marina de Australia demuestran que la cubierta de coral sigue aumentando en la Gran Barrera de Coral, que tiene en este momento los niveles más altos desde que hay mediciones.

Y, como ya hemos contado en Libertad Digital en más de una ocasión, también se puede afirmar que los fenómenos naturales extremos que con todo descaro se asocian al cambio climático no han aumentado pese al aumento de las temperaturas.

De hecho, el informe más reciente que lo desmiente es el que un grupo de científicos chinos ha publicado en la revista Communications Earth & Environment, demostrando que la capacidad destructiva de los huracanes y ciclones tropicales lleva disminuyendo desde mediados de los años 90. "En definitiva", concluye el comunicado de la ARC, "superar los 1,5°C establecidos como límite no parece tener en absoluto los desastrosos efectos que se temían".

Todos estos datos llevan a los científicos de la ARC a constatar que el hecho de que dado que "el calentamiento de los dos últimos años tiene un origen natural" y, además, no se puede constatar que la subida de la temperatura en el último medio siglo no ha tenido los efectos dramáticos que se le achacan, "cabe preguntarse si no estamos exagerando los impactos del calentamiento".

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