
La Asociación de Realistas Climáticos (ARC) celebró este sábado su I Jornada de Cambio Climático y Sociedad, un encuentro que reunió en la Universidad Francisco Marroquín de Madrid a científicos, investigadores y divulgadores decididos a desafiar el discurso dominante sobre la "emergencia climática". Lo hicieron, además, desde una premisa que resonó en cada intervención: "Sin datos, no hay crisis; sin debate, no hay ciencia".
En este encuentro se lanzó sobre todo el mensaje de que es necesario revisar el relato dominante sobre la llamada emergencia climática y de recuperar un debate científico "libre de alarmismo".
Una visión alternativa desde la ciencia
El Dr. Javier Vinós, presidente de la ARC, abrió la jornada recordando el objetivo de la asociación: "luchar contra el alarmismo climático" y "promover un debate libre sobre cuestiones climáticas, ambientales y energéticas". Con una sala llena desde las nueve de la mañana, quedó claro que existe un público creciente que busca análisis alternativos al relato oficial.
El Dr. Vinós desmontó la idea de un planeta al borde del colapso térmico. "Estamos en un periodo extraordinariamente frío; llevamos 50 millones de años de enfriamiento", recordó, apoyándose en reconstrucciones paleoclimáticas. A su juicio, el calentamiento registrado en los últimos siglos forma parte de la variabilidad natural del clima, y no responde necesariamente a causas humanas excepcionales.
También subrayó la incertidumbre sobre el papel del CO₂ en el clima: "nadie sabe cuánto influye exactamente el CO₂ en el clima", afirmó, al tiempo que defendió sus beneficios para la biosfera: "El CO₂ es lo mejor que hemos hecho los humanos para la biosfera", mostrando imágenes del reverdecimiento planetario observado por satélite.
Medios y política: cuando el consenso se fabrica
Uno de los ejes de la jornada fue la influencia de los medios de comunicación y de las instituciones públicas en la percepción social del clima. El geógrafo Javier del Valle aportó el contrapunto histórico y mediático. Recordó que en los años 70 muchos titulares advertían de "la llegada inminente de una nueva Edad de Hielo", con el mismo tono apocalíptico que hoy se aplica al calor.
Según explicó, la narrativa dominante ha cambiado con el tiempo, pero no siempre con un análisis crítico de los datos, denunciando la escasa presencia en medios de noticias que contradicen el relato habitual.
Del Valle citó el Manual de Comunicación del Ministerio para la Transición Ecológica, que marca pautas sobre cómo abordar el cambio climático en la comunicación pública. Para el investigador, el documento evidencia "un sesgo político" en la gestión informativa.
Una de sus críticas más directas fue contra el concepto de consenso: "¿Hay consenso científico? Evidentemente NO, por eso estamos aquí". Y añadió una reflexión demoledora sobre la industria del miedo: "El alarmismo es rentable y nadie tiene responsabilidades".
La realidad contra el relato: incendios, glaciares y diatomeas
El catedrático de ecología, el Dr. José Ramón Arévalo abordó el tema de los incendios forestales, negando que sean consecuencia directa del cambio climático. Según expuso, "las tasas de incendios están yendo a menos", y atribuyó los grandes fuegos al abandono rural y la acumulación de biomasa. Lo resumió así: "Los incendios no son una maldición de la Pachamama".
El glaciólogo Dr. Javier González Corripio, desmontó otro de los tótems mediáticos: el supuesto retroceso excepcional de los glaciares: "Los glaciares comenzaron a retroceder antes del carbón y del aumento de la temperatura", afirmó, recordando que el IPCC recogía este hecho hasta 2003, cuando dejó de mencionarlo. Para él, los modelos climáticos son un recurso útil, pero no infalible: "Los modelos se han convertido en un oráculo", señaló.
En la misma línea crítica, el Dr. Saúl Blanco expuso resultados de estudios basados en fósiles de diatomeas —algas microscópicas empleadas como indicadores ambientales—, que muestran fluctuaciones térmicas amplias en los últimos siglos y milenios. Su conclusión fue inequívoca: "No hay tendencia clara al calentamiento. Cambio climático es un oxímoron, porque la Tierra no tiene un único clima".
Seguridad alimentaria sin pánicos
El Dr. Karl Iver Dahl-Madsen, invitado internacional, centró su intervención en la seguridad alimentaria. Destacó que la malnutrición ha descendido del 65% al 7% en un siglo, gracias al progreso tecnológico. Calificó de "marginal" la influencia del clima sobre la producción agrícola, y vinculó el hambre actual a problemas de gobernanza, no de recursos.
Dahl-Madsen defendió el uso de fertilizantes, biotecnología y mejora genética como herramientas clave para la productividad. En su opinión, la agricultura ecológica requiere más superficie y es menos eficiente, por lo que la definió como una "retrotecnología".
Un cierre con resonancia social
La Jornada concluyó con una mesa redonda, titulada "Clima, energía y medios de comunicación", donde el físico nuclear Manuel Fernández Ordóñez advirtió sobre políticas que se justifican "con un relato climático que no coincide con la realidad".
El periodista Carmelo Jordá, redactor jefe de Libertad Digital, señaló que el cambio climático se ha usado como "excusa para justificar decisiones políticas que no tienen relación con el clima". Según explicó, el miedo es una herramienta eficaz para sostener ese discurso.
El economista del Estado José Ramón Ferrandis defendió que los países más ricos están mejor preparados para afrontar riesgos climáticos, y el climatólogo Javier del Valle insistió en que "el clima, por definición, cambia".
También participó José María González Moya, ingeniero industrial y director general de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA), quien señaló que "muchas medidas se están diseñando sin evaluación técnica ni análisis coste-beneficio".
Sobre la mesa quedó un mensaje compartido: el debate climático necesita menos consignas y más evidencia.
La ARC ha abierto un espacio que, para sus participantes, era urgente y necesario. La batalla cultural y científica sobre el clima está lejos de terminar. Pero esta jornada demostró que la narrativa oficial ya no se acepta sin réplica. Aquí, los datos —y el sentido común— tuvieron la última palabra.

