Ni redonda ni blanca: la violenta historia del satélite que alberga un cementerio humano
Surgió de un choque planetario y se aleja de nosotros cada año. Su relieve esconde seísmos eternos y cenizas humanas en un entorno sin atmósfera.
La vemos casi todas las noches, marca mareas, calendarios y leyendas, pero la Luna sigue siendo una gran desconocida. Lejos de ser una roca inerte flotando en el espacio, la Luna es un mundo dinámico, extremo y sorprendente, con fenómenos que desafían la intuición humana. Desde terremotos que duran minutos hasta cenizas humanas reposando en su superficie, nuestro satélite natural guarda una historia mucho más compleja de lo que aparenta a simple vista.
Quizá por eso, durante siglos, la Luna ha sido objeto de fascinación y estudio. Las misiones Apolo y las observaciones más recientes han permitido desmontar muchos mitos y descubrir realidades aún más llamativas que la ficción. Aunque no tiene atmósfera ni vida conocida, su influencia sobre la Tierra ha sido y sigue siendo fundamental.
Un satélite que no es tan perfecto
A simple vista, la Luna parece una esfera impecable, pero en realidad no es completamente redonda. Su forma se asemeja más a un limón ligeramente achatado, resultado de las fuerzas gravitatorias que la Tierra ejerció sobre ella durante su formación. Además, no está quieta sino que cada año se aleja de nuestro planeta unos 3,8 centímetros, un proceso lento pero constante que, a muy largo plazo, alterará la relación entre ambos cuerpos.
Su color también engaña. Desde la Tierra puede verse blanca, amarilla o incluso rojiza, dependiendo de la atmósfera terrestre. Sin embargo, su superficie es gris oscura o marrón, tan oscura como el carbón, pese a ser el segundo objeto más brillante del cielo tras el Sol.
El gran choque que lo cambió todo
La teoría más aceptada sobre el origen de la Luna apunta a un impacto colosal ocurrido hace unos 4.500 millones de años. Un planeta del tamaño aproximado de Marte, conocido como Tea, colisionó con la Tierra primitiva. De ese choque surgieron fragmentos de roca y gas que quedaron atrapados en órbita y, con el tiempo, se unieron para formar la Luna. Ese pasado violento explica muchas de sus características actuales.
Otras curiosidades de la Luna
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Un mundo con terremotos: Aunque se la considera geológicamente "muerta", la Luna tiene actividad sísmica. Los astronautas del programa Apolo instalaron sismógrafos que detectaron los llamados "lunamotos". Algunos se producen a gran profundidad por la atracción gravitatoria de la Tierra; otros son superficiales y pueden durar más de diez minutos. Debido a su estructura rígida y seca, la Luna no disipa bien la energía, por lo que llega a vibrar "como un cascabel".
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Temperaturas imposibles y silencio absoluto: La ausencia de atmósfera convierte a la Luna en un lugar extremo. Durante el día, las temperaturas pueden superar los 120 grados centígrados, mientras que por la noche descienden hasta los -170 o incluso -233 grados. Además, no hay aire que amortigüe estos cambios ni que transporte sonido por lo que, en la Luna podrías gritar junto a otra persona y no oír nada. Esa misma falta de atmósfera explica por qué las huellas de los astronautas permanecen intactas durante millones de años y por qué un martillo y una pluma caen al mismo tiempo.
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Polvo que huele a pólvora y un cementerio inesperado: El regolito lunar, el fino polvo que cubre su superficie, tiene un olor peculiar. Los astronautas describieron que, al entrar en los módulos, el polvo adherido a sus trajes olía a pólvora quemada, probablemente por reacciones químicas al entrar en contacto con el aire. Además, la Luna alberga un lugar único: el único "cementerio" humano fuera de la Tierra. El motivo es que, en 1998, las cenizas del geólogo planetario Eugene Shoemaker fueron enviadas allí, cumpliendo su deseo de descansar para siempre en el satélite que tanto estudió.
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Mitos, mareas y ciclos humanos: La influencia lunar sobre la Tierra es innegable. Su gravedad regula las mareas y contribuye a estabilizar el eje terrestre, lo que ayuda a mantener un clima relativamente estable. Cada día experimentamos dos mareas altas y dos bajas debido a esta interacción constante. Sin embargo, no todo lo que se le atribuye está demostrado, por ejemplo, no existen pruebas científicas sólidas que relacionen la luna llena con una mayor fertilidad o con un aumento de nacimientos. Tanto es así que diferentes estudios han descartado esa correlación, aunque las creencias persisten desde la antigüedad.
Además, recordemos que la Luna fue el primer calendario de la humanidad. Sus fases guiaron cosechas, rituales y religiones durante milenios. Hoy seguimos observándola con fascinación, conscientes de que, aunque parezca siempre igual, es un mundo activo, cambiante y lleno de secretos. Mirarla no es solo contemplar el cielo: es asomarse a la historia del Sistema Solar y a la relación más antigua entre la Tierra y otro mundo.
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