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¿Cómo nació Uber?

El polémico servicio que promete sustituir al taxi para muchos usos nació precisamente de la frustración por no conseguir taxi en San Francisco.

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Uber puede usarse hasta en Pekín; en España lo hemos prohibido. | Flickr/CC/bfishadow

Dos emprendedores que ya habían conseguido colocar sus startups a empresas más grandes se encontraron en unas jornadas tecnológicas en París. Era el invierno de 2008. Garrett Camp había vendido StumbleUpon a eBay y Travis Kalanick había hecho lo propio con Red Swoosh y Akamai, y estaban buscando algún proyecto nuevo. Camp pensó que se podía hacer algo para mejorar el horrible servicio de taxis de San Francisco; su primera idea era que compartieran los gastos de coche, plaza de garaje y chófer y llamaran al vehículo cuando lo necesitaran a través de una app. Huelga decir que lo que acabaron construyendo fue un poco más amplio.

En marzo de 2009 Camp empezó a trabajar en el prototipo de una aplicación a la que llamó UberCab. El nombre tiene fácil explicación. En alemán, el superhombre de Nietzsche es übermensch, y en inglés se ha popularizado el uso de uber como prefijo para decir que algo es mejor. Así UberCab sería un taxi con esteroides. Para mediados de año Camp decidió convencer a Kalanick para ponerse al frente del proyecto, ya que él había vuelto a comprar StumbleUpon a eBay y tiempo, lo que se dice tiempo, no tenía.

En enero de 2010 ya hicieron las primeras pruebas con sólo tres coches en Nueva York, pero para entonces Kalanick tenía claro que su proyecto requería de talentos que se escapaban a los habituales entre los fans de la tecnología. Se puso a buscar a alguien con experiencia para ayudarlos y terminó fichando a Ryan Graves... a través de Twitter. Tras trabajar juntos en la operativo del negocio, de las tarifas hasta los coches, se pusieron en marcha en San Francisco el último día de mayo de 2010 y, con la publicidad del boca a boca entre la comunidad emprendedora de la bahía, pronto empezaron a tener éxito... y problemas.

En octubre de ese mismo año recibieron las primeras amenazas legales del ayuntamiento de San Francisco y el estado de California por hacerse pasar por una compañía de taxis cuando no lo eran. Lo solventaron cambiando al día siguiente el nombre de la compañía por Uber, a secas, eliminando toda referencia al tema del taxi. También pasaron a expandirse por muchas otras ciudades del país y en 2011 al resto del mundo, empezando por París.

En diciembre de 2014, una ronda de inversión valoró Uber en 41.000 millones de dólares. Pero aquí no les queremos.

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