Depresión posparto: qué es, por qué ocurre, cuáles son sus síntomas y cómo se diferencia del 'baby blues'
La depresión postparto es una realidad que afecta a una de cada diez madres, aunque algunos estudios elevan esa cifra hasta el 20%.
La llegada de un hijo suele ir acompañada de una idea socialmente idealizada: gran alegría, plenitud, instinto materno y un amor desbordado. Sin embargo, para muchas mujeres, el posparto se convierte en un periodo mucho más complejo y oscuro.
La depresión postparto es una realidad que afecta a una de cada diez madres, aunque algunos estudios elevan esa cifra hasta el 20%. Se trata de un trastorno del estado de ánimo que va más allá del cansancio o los cambios hormonales propios de la maternidad.
¿Cómo se diferencia de la tristeza posparto?
Es común que, en los primeros días tras el parto, muchas mujeres se sientan más sensibles, irritables o ansiosas. Esta reacción se conoce como "baby blues" o tristeza posparto, y suele durar pocos días. En cambio, cuando el malestar se extiende más allá de las dos primeras semanas, y comienza a interferir con la vida cotidiana o con el vínculo con el bebé, podría tratarse de una depresión postparto.
Este trastorno puede manifestarse de formas diversas: desde una profunda tristeza hasta una desconexión emocional con el recién nacido, pasando por dificultades para dormir, comer o concentrarse, además de sentimientos de culpa, pensamientos intrusivos o una sensación constante de no estar a la altura.
Según el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos: "La depresión postparto es un trastorno médico real que necesita tratamiento profesional". Pese a ello, muchas mujeres no lo cuentan por miedo a ser juzgadas o porque creen que lo que sienten es "normal" tras ser madres.
Causas y tratamiento
Las causas de esta depresión son múltiples. Por un lado, hay un fuerte componente hormonal: tras el parto, los niveles de estrógeno y progesterona caen de forma brusca, lo que puede afectar al sistema nervioso y al estado de ánimo. A esto se suma el agotamiento físico de las primeras semanas, la privación de sueño, las expectativas poco realistas sobre la maternidad y, en muchos casos, la falta de apoyo.
Lejos de lo que muchas veces se cree, la depresión postparto no está ligada al amor hacia el bebé. De hecho, muchas madres que la padecen cuidan con esmero a sus hijos, aunque interiormente estén luchando contra una gran angustia. Algunas, incluso, logran esconderlo durante meses, lo que retrasa el diagnóstico y empeora el pronóstico.
El primer paso para abordar la depresión postparto es identificarla y ponerle nombre. En general, es el entorno cercano el que suele detectar que algo no marcha bien. En estos casos, es fundamental acudir a un profesional de salud mental o hablar con el propio médico de atención primaria o ginecólogo.
El tratamiento depende de la intensidad de los síntomas. En muchos casos, la psicoterapia —especialmente la terapia cognitivo-conductual— es suficiente. En otros, puede ser necesario recurrir a medicación antidepresiva, que siempre debe ser pautada y supervisada por un especialista.
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