El error de dormir más de 20 minutos: así provoca la siesta la "inercia del sueño"
Limitar la pausa a 20 minutos reduce la fatiga acumulada sin interferir en la noche. Superar ese lapso provoca desorientación y mal humor persistente.
En una cultura que glorifica la productividad constante, dormir durante el día puede parecer un lujo o incluso una señal de pereza. Sin embargo, la ciencia del sueño ha rehabilitado la siesta, siempre que se haga con precisión casi quirúrgica. La clave no está en el sofá ni en la manta, sino en el tiempo: la siesta más efectiva dura alrededor de 20 minutos.
A esta pausa estratégica se la conoce como power nap, y se ha convertido en una herramienta habitual entre deportistas, profesionales de alta exigencia cognitiva y expertos en rendimiento mental. Pero superar ese límite puede tener el efecto contrario y dejar una sensación de neblina mental difícil de sacudir.
La arquitectura del sueño lo explica
Dormir no es un estado uniforme. Cuando cerramos los ojos, el cerebro atraviesa distintas fases. Los primeros minutos corresponden al sueño ligero, una etapa en la que la actividad cerebral disminuye, el pulso se desacelera y el cuerpo empieza a relajarse. Este periodo, que suele abarcar los primeros 10 a 25 minutos, es suficiente para reducir la presión de sueño acumulada durante la mañana. Es como liberar parte de la adenosina, la sustancia química que genera sensación de cansancio.
El problema surge si la siesta se prolonga y el cerebro entra en sueño profundo. Despertarse desde esa fase provoca la llamada inercia del sueño: desorientación, lentitud mental, mal humor y una sensación de pesadez que puede durar más de una hora. Por eso, los expertos insisten en que la siesta reparadora no es la más larga, sino la mejor calculada.
Beneficios de una siesta breve
Cuando se limita a unos 20 minutos, la siesta ofrece ventajas claras sin interferir con el descanso nocturno:
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Mejora la concentración antes de tareas que requieren atención sostenida.
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Refuerza la memoria, ayudando al cerebro a consolidar información aprendida durante la mañana.
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Aumenta el estado de alerta, reduciendo la somnolencia postcomida.
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Mejora el estado de ánimo, al disminuir la carga de fatiga mental acumulada.
El truco del "coffee nap"
Entre las técnicas más comentadas se encuentra la llamada siesta de café. Consiste en beber una taza de café justo antes de acostarse para la siesta breve. La cafeína tarda unos 20 minutos en hacer efecto, de modo que empieza a actuar justo al despertar.
El resultado es una combinación de descanso ligero y estimulación química que potencia la sensación de alerta. Aunque no sustituye al sueño nocturno, puede ser una herramienta puntual para momentos de alta demanda mental.
El momento también importa
No todas las horas del día son igual de adecuadas. Los especialistas recomiendan realizar la siesta a primera hora de la tarde, generalmente entre las 13:00 y las 16:00. En esa franja, el ritmo circadiano experimenta un descenso natural de energía. Dormir más tarde puede reducir la presión de sueño necesaria para conciliar el descanso nocturno, especialmente en personas con tendencia al insomnio.
¿Cuándo evitarla? La siesta breve no es obligatoria ni adecuada para todo el mundo. Las personas con insomnio crónico pueden notar que incluso pausas cortas dificultan dormir por la noche. Tampoco debe utilizarse como sustituto habitual de dormir pocas horas. La función de la power nap es complementar, no reemplazar, un descanso nocturno adecuado.
El cronómetro, protagonista
En definitiva, la siesta eficaz es un ejercicio de precisión. No se trata de "dormir hasta que el cuerpo despierte solo", sino de despertarse antes de que el cerebro entre en sueño profundo.
Un sillón cómodo, un lugar tranquilo y una alarma bien programada pueden ser suficientes para transformar 20 minutos en una auténtica recarga mental. Más allá de ese tiempo, el beneficio se diluye y puede convertirse en el enemigo de la productividad y el buen humor.
La próxima vez que el cansancio golpee a mitad del día, no luches contra él… pero tampoco te entregues sin límites. Programa el despertador y deja que el reloj juegue a favor de tu cerebro.
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