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Viruela del mono: claves sobre la enfermedad y sus vías de contagio

Galicia detecta nueve casos sin origen claro entre La Coruña y Pontevedra, elevando la alerta por este virus símico que provoca fiebre y erupciones.

Galicia detecta nueve casos sin origen claro entre La Coruña y Pontevedra, elevando la alerta por este virus símico que provoca fiebre y erupciones.
Viruela del mono en África. | OMS

La detección de un brote de viruela del mono en Galicia, con nueve casos repartidos entre las provincias de La Coruña y Pontevedra, ha vuelto a poner el foco en esta enfermedad infecciosa. La viruela del mono, también conocida como viruela símica (mpox), es una enfermedad infecciosa viral que puede afectar a personas de cualquier edad. Está causada por el virus de la viruela del mono, perteneciente a la misma familia que el virus de la viruela humana, aunque suele provocar cuadros menos graves.

Los primeros síntomas aparecen generalmente en las tres semanas posteriores al contacto con el virus e incluyen:

  • Fiebre
  • Escalofríos
  • Cansancio intenso
  • Dolor de cabeza
  • Dolor muscular y de espalda
  • Inflamación de los ganglios linfáticos

Días después, suele desarrollarse un sarpullido característico, que puede comenzar en la cara, las manos o los pies y extenderse al resto del cuerpo, incluida la zona genital, la boca o la garganta.

La erupción cutánea pasa por distintas fases: comienza como manchas planas, evoluciona a ampollas, después se llena de pus, forma costras y finalmente se cae. Este proceso puede durar entre dos y cuatro semanas, periodo durante el cual la persona infectada puede contagiar la enfermedad.

¿Cómo se transmite?

La transmisión de la viruela del mono se produce principalmente por contacto estrecho. El virus puede pasar de una persona a otra mediante el contacto directo con las lesiones, las costras o los fluidos corporales de alguien infectado. También puede transmitirse a través de relaciones sexuales, contacto íntimo prolongado, actividades cara a cara cercanas o mediante objetos contaminados como ropa de cama, toallas o prendas de vestir.

Además, el virus puede transmitirse de animales a seres humanos, especialmente a través de mordeduras, arañazos o contacto con fluidos corporales de animales infectados. En zonas donde la enfermedad es habitual, el contagio también puede producirse durante la caza, manipulación, preparación o consumo de animales.

Dos tipos de virus

Existen dos tipos principales del virus, conocidos como clado I y clado II que tiene los subclados IIa y IIb). El clado I, más frecuente en África central, se asocia históricamente con formas más graves de la enfermedad, mientras que el clado II, predominante en África occidental, suele provocar cuadros menos severos.

Aunque la mayoría de las personas se recupera sin complicaciones, algunos grupos presentan mayor riesgo de desarrollar una enfermedad grave, como las personas con el sistema inmunitario debilitado, los niños pequeños, las mujeres embarazadas o quienes padecen ciertas enfermedades de la piel.

Las autoridades sanitarias recomiendan acudir a un profesional de la salud ante la aparición de un sarpullido sospechoso o síntomas compatibles con la enfermedad, así como evitar el contacto estrecho con personas o animales que puedan estar infectados para reducir el riesgo de transmisión.

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