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El error que cometes al lavar la fruta pensando que es más seguro

Sanidad advierte: frotar bajo el grifo elimina el 99% de patógenos. Usar lavavajillas en hortalizas provoca riesgos gástricos por su piel porosa.

Sanidad advierte: frotar bajo el grifo elimina el 99% de patógenos. Usar lavavajillas en hortalizas provoca riesgos gástricos por su piel porosa.
Unsplash/virgil maierean

En los últimos años, muchas personas han incorporado a su rutina un gesto que parece lógico: añadir una gota de lavavajillas al lavar manzanas, tomates o pepinos. La intención es eliminar bacterias, pesticidas y suciedad. Sin embargo, tanto expertos en seguridad alimentaria como organismos oficiales coinciden en una advertencia clara: el jabón no debe usarse sobre alimentos.

Las frutas y verduras, a diferencia de huevos o carnes —que no deben lavarse antes de guardarse—, sí necesitan higiene antes de consumirse. Pero esa limpieza debe hacerse correctamente para evitar riesgos innecesarios.

El por qué no usar jabón de lavavajillas es evidente… Y es que los detergentes domésticos están formulados para limpiar superficies inertes, como platos o encimeras, no para ser ingeridos. De hecho, instituciones como la Food and Drug Administration (FDA) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) desaconsejan expresamente lavar alimentos con jabón o detergente.

Pero, ¿por qué? El motivo es sencillo: la piel de muchas frutas y hortalizas es porosa o presenta pequeñas irregularidades donde pueden quedar atrapados residuos químicos, incluso tras el aclarado. Estos restos pueden provocar irritación digestiva, náuseas, diarrea o alteraciones del sabor. Además, estos productos no han sido evaluados ni aprobados para su aplicación directa sobre alimentos. En resumen: lo que parece una medida extra de seguridad puede convertirse en un riesgo innecesario.

¿Es suficiente con el agua del grifo?

En la mayoría de los casos, sí. El lavado con agua corriente potable, combinado con fricción manual, elimina entre el 90% y el 99% de la suciedad física, microorganismos superficiales y buena parte de los residuos de pesticidas. No obstante, para que sea efectivo, no basta con un enjuague rápido. Estas son las claves:

  • Fricción: frotar firmemente la superficie bajo el chorro de agua.

  • Cepillo suave: en frutas de piel gruesa o rugosa (melón, pepino), es necesario usar un cepillo exclusivo para alimentos.

  • Secado: utilizar papel de cocina o un paño limpio ayuda a retirar microorganismos residuales.

En el caso de hojas verdes o frutas delicadas como las bayas, basta con sumergirlas brevemente en agua potable limpia y escurrirlas después.

¿Y el bicarbonato o la lejía alimentaria?

Existen alternativas seguras cuando se busca una desinfección más profunda:

  • Bicarbonato: sumergir la fruta en agua con una cucharadita de bicarbonato por cada dos tazas durante 12-15 minutos puede ayudar a reducir residuos superficiales de pesticidas. Después, siempre hay que aclarar.

  • Lejía apta para desinfección de agua potable: solo debe utilizarse si la etiqueta especifica claramente su uso alimentario y respetando las proporciones indicadas. Tras la desinfección, es imprescindible un enjuague abundante.

Además, hay que recordar que el vinagre, aunque popular, no es un desinfectante eficaz frente a todos los microorganismos; puede ayudar con ciertos residuos, pero no sustituye una correcta higiene.

Regla de oro en la cocina

Lava siempre las frutas y verduras antes de pelarlas, cortarlas o consumirlas, ya que los microorganismos presentes en la piel pueden transferirse al interior al usar el cuchillo. También es fundamental lavarse bien las manos con agua y jabón antes de manipular alimentos y asegurarse de que el fregadero esté limpio y sin restos de detergente.

En definitiva, la ciencia es clara: deja el jabón para los platos. El agua corriente, la fricción y un buen secado son suficientes para mantener la seguridad alimentaria sin añadir riesgos innecesarios a tu dieta.

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