
Nada que ver este propósito con el anunciado por aquellos conservadores españoles, añorantes del absolutismo monárquico, que elaboraron el Manifiesto de los Persas. No se trataba entonces de los persas reales sino de utilizar algunas de sus conductas históricas para fustigar al primer liberalismo patrio. Por ejemplo, aquella que narraba que, tras morir un Rey, destinaban cinco días al desenfreno, al caos, a los asesinatos, robos y anarquías hasta añorar de nuevo el orden y la Ley del monarca sucesor.
Tampoco nada que ver con las Cartas Persas de Montesquieu ni otros intentos literarios que exhiben "persas" en sus títulos. De lo que se trata es de ofrecer un homenaje a las mujeres persas – ya sé que es más correcto llamarlas iraníes, pero me gusta recordar de donde proceden -, etnia mayoritaria de un país en el que entre árabes y turcos apenas sobrepasan el 20 por ciento del total. De su sufrimiento, saldrán algunas ideas para que un futuro manifiesto de estas mujeres sea posible en libertad.
