
Para decirlo rápidamente, hoy se dan tres corrientes económicas. El keynesianismo, gran armador de burbujas, ya que emiten y emiten moneda creyendo que con eso mueven la economía y lo que logran es un boom artificial. La teoría económica neoclásica -la preferida hoy por los operadores financieros que desconfían de la emisión exagerada- cuya característica consiste en creer que existe el equilibrio de la curva de oferta y demanda -lo que implica el conocimiento perfecto- y, por tanto, que éste es estático y rígido cuando en rigor es una tendencia -en movimiento- hacia el equilibrio.
Y finalmente la teoría que podríamos llamar del mercado natural ("libre"), iniciada por los escolásticos de la Escuela de Salamanca de los siglos XV y XVI, y retomada, en alguna medida, por la Escuela Austríaca de Economía que sabe que no existe el equilibrio porque no hay conocimiento perfecto, sino que todo evoluciona en tiempo real. Lo que existe es un entorno puntual móvil que tiende al equilibrio en la medida en que se encuentra nuevo conocimiento -nueva tecnología, nuevos métodos de producción, etc.- que siempre es perfectible y, por tanto, en un círculo virtuoso, se vuelve a desequilibrar.
Por caso, si la curva de compraventa de autos lograra un equilibrio en un precio determinado, inmediatamente un fabricante ansioso por ganar más dinero lograría un mejor método de producción, abaratando costos y precios y, por ende, desequilibrando la curva.
Y, por ello, el mercado es imprevisible e imposible de planificar de antemano. Así, el Estado es incapaz de sostener una moneda (fiat) eficiente, porque se mueve al ritmo de las decisiones lentas y arbitrarias de los burócratas, en tanto que el mercado trabaja en tiempo real buscando el equilibrio que nunca se logra.
Ergo, para cuando los gobiernos decidan la cantidad de emisión que necesitaría el mercado para trabajar con eficacia, éste ha cambiado de necesidades y, entonces, el nivel de emisión estatal provocará o inflación por exceso de emisión o deflación por defecto de emisión. Ambos fenómenos alimentan una recesión.
A la ineficiencia de las monedas fiat hay que sumarle la estratosférica deuda de los Estados en todo el mundo, empezando por el de EE.UU. que, en principio, es impagable salvo que se apele, precisamente, a la inflación, a la emisión exagerada. Por cierto, el hecho de que el Estado se endeude es recesivo, desde que absorbe recursos que de otro modo serían utilizados en la producción.
Para remate, las políticas incoherentes e imprevisibles de Trump están desorientando gravemente no solo a los EE.UU. sino a todo el planeta. Y ahora, sus críticas al presidente de la Reserva Federal, nuevamente, por mantener las tasas de interés sin cambios, argumentando que deberían tener las "más bajas del mundo" lo que conllevaría a un aumento de la emisión y, por tanto, a una devaluación mayor del dólar.
Según Trump, las altas tasas están costando a América "cientos de miles de millones de dólares al año en gastos de intereses totalmente innecesarios e injustificados". Pues debería preocuparse por bajar esa deuda.
O sea, las monedas fiat, necesariamente se devaluarán mucho, más tarde o más temprano. Por tanto, hay que desprenderse de ellas lo que tradicionalmente se hizo comprando oro.
En 1914 se creó el Sistema de la Reserva Federal norteamericana. La conferencia de Bretton Woods, en 1944, estableció un sistema gestionado por el Fondo Monetario Internacional y basado en tipos de cambio vinculados al oro. El valor de la onza se fijó en 35 dólares, y ésa fue la referencia para el resto de las monedas.
En 1971 Richard Nixon terminó con todo resabio de convertibilidad, lo que llevó a las demás monedas a flotar contra el dólar. Desde entonces, como muestra el siguiente gráfico de Investing, la suba del oro, mejor dicho, la devaluación de las monedas fiat, comenzando por el dólar, ha sido estratosférica y se ha acentuado en la era Trump:

Pero no solo hay oro entre los metales recomendables, sino también el paladio, el platino y muchos otros. De hecho, dado el cada vez peor comportamiento de los políticos en todo el mundo, además del rally del oro, en lo que va de 2026, la plata sube 44% y el platino 21%.
Y, por cierto, ahora tenemos las "monedas digitales" como el bitcoin (btc) cuyo único mérito -no tiene valor industrial como los metales- es reflejar el deseo de las personas de alejarse lo más posible del Estado, lo que no es poco, de hecho, sube un 1.400.000% respecto del dólar desde que se tiene registro. Pero el btc es muy inestable de modo que, para inversores conservadores, no es tan aconsejable por lo menos no en el corto plazo.
Para algunos analistas, el oro funciona como una señal temprana de lo que podría venir después para la "moneda" digital. George Tung, conocido en las redes sociales como CryptosRus, destaca que existe un patrón recurrente: "Primero el oro, luego bitcoin", resumió. Según explicó, "la historia muestra un patrón claro durante los cambios monetarios: el capital se mueve primero hacia el oro; luego rota hacia bitcoin".
Tung indicó que el oro suele liderar estos ciclos, alcanzando máximos históricos a medida que los bancos centrales compran y crecen los riesgos globales. "Bitcoin, por su parte, se queda atrás frente al oro; una configuración observada antes de importantes rupturas de btc", señaló. Una vez que el movimiento del oro se consolida y estabiliza, el capital que huye de las monedas fiat busca un mayor potencial alcista; y bitcoin se convierte en el siguiente destino, según Tung, como puede visualizarse en el gráfico:

Luego de una tendencia alcista del oro (en amarillo), el dinero lo deja y suele dirigirse al bitcoin (naranja) que sube. Fuente: CryptosRus.
En la figura siguiente puede verse la desaforada emisión monetaria global que augura una fuerte devaluación de las monedas fiat y muestra también cómo el btc resulta "conservador", ya que su precio aumenta a un ritmo menor que la cantidad de billetes deambulando por el globo.

Por cierto, el hecho de que el mercado sea imprevisible explica el fenómeno del bitcoin o, mejor dicho, aclara la discusión sobre si es moneda o refugio de valor, o si no lo es y lo cierto es que poco importa esta discusión, lo que importa es que el mercado decide cuál es su precio, nos guste o no, lo preveamos o no.
Las monedas privadas y digitales son muy anteriores a que se hiciera famoso el blockchain, y han sido muy estudiadas, entre otros, por el profesor Lawrence White que publicó un facsímil de 1869 donde ya se hacía referencia a "dinero cibernético" transmitido de manera telegráfica.
En cualquier caso, más allá de su proverbial volatilidad, si por algo se caracteriza y valora el bitcoin es por ser el valor "Off Estado" -alejado de los Estados y sus caprichos- por excelencia. De hecho, insisto, éste quizás sea su único mérito y muestra la voluntad y decisión de los ciudadanos de alejarse de las garras estatales.
En fin, ¿cuál es el futuro del Bitcoin? Solo Dios sabe cómo evolucionará el mercado.
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
@alextagliavini
www.alejandrotagliavini.com
