
Federico Sturzenegger es el ministro argentino de la muy poca y floja desregulación, hasta el punto de que, entre otras lindezas, todavía las multinacionales no son completamente libres de girar sus ganancias al exterior, al mejor estilo comunista. Este ministro remarcó que "… no queremos regular la Inteligencia Artificial (IA)", al cuestionar la tendencia del foro de Davos —cumbre woke, si las hay— a impulsar leyes específicas ante cada avance tecnológico.
Según Sturzenegger, regular la IA implicaría bloquear la competencia y el desarrollo. Muy cierto, pero para ello debería comenzar derogando las leyes de propiedad intelectual que son una flagrante violación de la libertad de mercado.
Entretanto, el director ejecutivo de Nvidia aseguró que el auge de la Inteligencia Artificial conlleva «la mayor construcción de infraestructura en la historia de la humanidad que va a crear muchos empleos». Por su parte, los analistas de BlackRock ya habían dicho que «Las ambiciones de inversión en el desarrollo de la IA son tan grandes que lo micro se vuelve macro».
La importancia es tal que el gobierno argentino, entre otros, fue invitado por el Departamento de Estado para la primera reunión ministerial dedicada, en la que se firmó un acuerdo. «Fortalecer las cadenas de suministro de minerales críticos (necesarios para la IA) con nuestros socios internacionales es vital para la seguridad económica y nacional de EE.UU., su liderazgo tecnológico y un futuro energético resiliente», rezaba la convocatoria.
Obviamente, la mayor preocupación de Donald Trump pasa por su capacidad militar, su «seguridad»; de hecho, hace pocas semanas, anunció un aumento nada menos que del 50% en su presupuesto militar, logrando el récord de más del 5% de su PIB, complicando su tan mentado recorte de impuestos.
Según el último informe del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), el gasto militar de EE.UU. en 2024 ya era de USD 997 mil millones, por lo que no sólo es el más alto del mundo, sino que además representa el 37% del gasto global. Lo sigue China con USD 314 mil millones, un tercio de lo que destinaba ya entonces EE.UU.
No creo que sea serio decir que el Estado comunista chino no tiene pretensiones imperialistas, pero irónicamente pareciera que se han convencido de que el camino es el libre comercio y no las armas que, por el contrario, perjudicarían su sigiloso pero vertiginoso avance por el mundo.
Por cierto, estos acuerdos, como todo lo que históricamente ha hecho la burocracia, son absurdamente inútiles a menos que, precisamente, se establezca un retiro del Estado de manera que la actividad privada pueda actuar e invertir con eficacia y bajo costo.
Como también son inútiles los viajes promocionales de los burócratas. Javier Milei, en dos años de gobierno, realizó trece viajes solo a los EE.UU. gastando fortunas con el fin de atraer inversiones, y el resultado fue que, por primera vez desde 2003, la inversión extranjera directa (IED) en la Argentina muestra un saldo acumulado negativo por USD 1.521 millones entre enero y noviembre de 2025.

Javier Milei o no entiende el mercado y, por tanto, es voluntarista como buen estatista y cree que este se mueve a voluntad del Estado mandamás, o realiza estos viajes solo para promocionarse a sí mismo a costa del ciudadano común, sobre todo de los más pobres en quienes con más fuerza recaen los impuestos. Debería saber que los capitales vienen solos, y muy rápido, por el «olor al dinero», por las ganancias efectivas, es decir, que basta con bajar impuestos y desregular para que las inversiones vuelen al lugar.
Espectaculares seminarios como la «Argentina Week» que se realizará en Manhattan del 9 al 11 de marzo organizada por el embajador argentino Alec Oxenford, gran profesional y mejor empresario tech, solo sirven para juntar empresarios —«empresauros» en la jerga local: empresarios dinosaurios del establishment— amigos del poder, nunca inversiones genuinas de las que vienen espontáneamente dada la eficiencia de la economía local.
Y lo digo por experiencia propia, dado que tuve la idea original de organizar los primeros seminarios durante las privatizaciones y desregulaciones de la era Menem. Y esas sí que fueron privatizaciones y desregulaciones, aunque lejos de suficientes como luego demostró la historia.
Volviendo al tema de los necesarios minerales críticos, Argentina podría llegar a ser un actor global. Por ejemplo, en la producción de litio ocupa el cuarto lugar albergando aproximadamente el 20% de las reservas mundiales. Y su precio vuela como puede verse en el siguiente gráfico:

Para 2030, el consenso de analistas prevé una demanda de 2 a 3 veces la de 2024, lo que representa una tasa de crecimiento anual compuesta (TCAC) de aproximadamente el 15,7 % en esta década.
Ahora, si bien China solo representa aproximadamente una cuarta parte del suministro mundial de litio en bruto, prácticamente monopoliza la capacidad de procesamiento, produciendo el 80 % de las baterías de iones de litio del mundo y alrededor del 60 % de las necesarias para vehículos eléctricos. Como resultado, los precios chinos del litio de grado batería (es decir, carbonato de litio con una pureza superior al 99,5 %) se han convertido en el principal indicador de la evolución de su precio como materia prima.
Mientras que Alibaba Group ya vende online minerales críticos y tierras raras, y es prácticamente el único; ya existen iniciativas para construir una suerte de hub virtual para facilitar la minería y el e-commerce dedicado en Occidente.
China es un productor muy fuerte —alrededor del 70% global— de estos elementos. Entre otras cosas porque se limita en cuanto al «cuidado del medio ambiente», produciendo el 56,2% de las emisiones globales de CO2. El Dragón Asiático genera hoy casi un tercio de la electricidad global y más del doble de EE.UU., principalmente a partir del carbón, como muestra este gráfico:

Pero Javier Milei va camino de desperdiciar esta oportunidad; no basta con el régimen de incentivo para grandes inversiones (RIGI) que mucho promete y poco se visualiza; de hecho, para la construcción de gigantes centros de datos para la IA había prometido el desarrollo de una gran capacidad de energía atómica a instancias de su asesor Demian Reidel, y lo único que hasta ahora se ha visto es la renuncia de Reidel a raíz de denuncias de corrupción en su entorno.
Por cierto, hablando de corrupción, aunque en mi opinión este índice es poco preciso, lo cierto es que Argentina retrocedió en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparency International.
Pero a la falta de baja de impuestos en general —más bien subida— y las pobres desregulaciones como para tentar inversores, ahora se suma la falta de seguridad jurídica a la que Javier Milei acaba de darle un cimbronazo al postergar, arbitraria y sorpresivamente, la actualización del muy anticuado índice de precios al consumidor (IPC) a la que el gobierno ya se había comprometido y del que dependen algunos bonos emitidos por el Estado, entre otras cosas. Así, escondiendo sus compromisos y fondos, el gobierno argentino se «ahorra» —deja de pagar lo comprometido— unos USD 3.200 millones.
*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
