
En primer lugar, veamos los orígenes próximos de este culebrín, diminutivo de culebrón que, antes de referirse a series de televisión, significaba persona taimada, astuta e intrigante. Felipe González ("Dios" para el "helador de sangre" demócrata y española, Pachi López y antes para Chiqui Benegas y muchos otros), ha sentenciado con una lógica aplastante que, para que haya un "Puto Amo", debe haber "putos siervos". Parece correcto, y tal vez lo es en el fondo, pero no lo es del todo, al menos en la elaboración marxista de la historia.
Tras una etapa salvaje de comunismo primitivo, según la presunción indemostrada, sobrevino la etapa esclavista (Marx sólo conocía con solvencia la historia de Occidente), en la cual las figuras preferentes eran el amo y el esclavo, segunda fase de la historia como lucha de clases. Por tanto, a un Puto Amo no se le opone un puto siervo, sino, en todo caso, un Puto Esclavo. Lo de los siervos obedece a una fase posterior de la Historia, el feudalismo, en el que la oposición radical era señores feudales-siervos.
