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CONFESIONES DE UNA AUTOBIOGRAFÍA

Stephen King reconoce una “amnesia creativa” provocada por su adicción a las drogas y el alcohol

“Escribir no es la vida, pero yo creo que puede ser una manera de volver a la vida”. Esta es una de las numerosas confesiones que realiza Stephen King (EE.UU, 1947) en su autobiografía titulada, Mientras escribo (Plaza y Janés). Un volumen que acaba de ponerse a la venta en las librerías españolas y que se hace necesario para todos aquellos que quieran profundizar en la vida y obra de este autor de bestsellers.



Mientras escribo es un revelador ensayo autobiográfico en el que Stephen King confiesa algunas etapas oscuras de su pasado y reflexiona sobre la pasión que ha dado impulso a su vida: la escritura. El volumen podría calificarse en su conjunto como una mezcla de autobiografía y libro de estilo.

Dividida en cuatro partes, las memorias de este autor de éxito parten de algunas inconfesables experiencias personales para concluir, pasando por las herramientas literarias del autor de El Resplandor y el origen del taller del escritor, en una especie de Posdata donde King relata el gravísimo accidente que sufrió en el verano de 1999, y que estuvo a punto de costarle la vida.

Hijo de padres separados y educado en numerosas residencias, Stephen King reconoce en la primera parte de Mientras escribo que “tuvo una infancia muy rara”. Siguiendo las recomendaciones de su madre acudió a la universidad donde conoció al gran amor de su vida, su esposa Tabitha. Fue ella, precisamente, quien le ayudó a superar su destructiva adicción a las drogas y el alcohol, un hábito al que King estuvo enganchado durante doce años y que ha provocado que el autor no recuerde el proceso de creación de muchas de sus novelas. “Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de cerveza de medio litro, y tengo una novela, Cujo , que a penas recuerdo haber escrito”, confiesa el escritor.

Tras esta parte más autobiográfica, Stephen King elabora una especie de libro de estilo en donde revela algunas de sus técnicas literarias, además de dar consejos a todos aquellos que pretenden convertirse en escritores. “Lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho -dice King-, escribe lo que quieras, infúndele vida y singularízalo vertiendo tu experiencia personal de la vida, la amistad, las relaciones humanas, el sexo y el trabajo”.

El creador de Carrie no podía omitir en este ensayo su condición de autor de bestsellers. Stephen King confiesa, que al contrario de lo que muchos piensen, no escribe por dinero, sino porque “le hace vibrar”. Otro aspecto interesante reflejado en Mientras escribo es la irritación que le produce que los críticos de su obra no le pregunten por su estilo. Una circunstancia que King achaca al escepticismo y falta de confianza que merecen los autores de gran público.



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