Los técnicos del Ayuntamiento de Roma han comenzado ya las labores de refuerzo de la Muralla Aureliana, después de que el pasado domingo se derrumbaran veinte metros del muro, construido en torno a Roma en el siglo III por el emperador Aurelio con el fin de evitar las invasiones bárbaras.
Sin embargo no ha sido sólo la lluvia, como en un principio se creyó, la causante de la catástrofe. Un examen realizado por el arqueólogo Roberto del Signore ha demostrado que también el exceso de cemento aplicado sobre la muralla cuando fue restaurada en 1972 ha provocado que la piedra se viniese abajo.
Los especialistas ya se han puesto manos a la obra para evitar que el deterioro sea mayor. La primera acción será la colocación de un andamio de seguridad en la zona considerada de riesgo, un paño de muralla de unos cien metros de longitud. Luego se recogerán cuidadosamente los restos de muro que han caído, entre los que figura un escudo de piedra del Papa Inocencio X, que serán catalogados para ser luego colocados en su posición original.
Un año de restauración
Los trabajos se prolongarán al menos durante un año, lo cual impedirá a los visitantes contemplar la Muralla en todo su esplendor. Algo similar ocurrió en 1999, cuando el monumento fue sometido a una intensa restauración con motivo de la celebración del Año Jubilar. Entonces se invirtieron en las obras cerca de 2.500 millones de pesetas. Durante la reforma, los arquitectos aprovecharán la coyuntura para estudiar con detalle las técnicas de construcción empleadas por los antiguos romanos.
La Muralla Aureliana, con veinte kilómetros de perímetro, fue levantada entre los años 270 y 275 después de Cristo. Desde entonces, se ha conservado prácticamente en su totalidad, habiendo sido restaurada en numerosas ocasiones.
