L. D. / EFE.-
La voz de Carlos Álvarez, que antes de cada función - hay otras nueve programadas- tiene que someterse a varias horas de maquillaje y caracterización, lo que le presenta irreconocible ante el público, brilló con luz propia en una noche en la que el público unánimemente -algo poco habitual en el Real- aplaudió el enorme esfuerzo vocal y de interpretación que supone el personaje de Verdi.
Carlos Álvarez, en plena forma vocal y física, tras el catarro que ha padecido, confesaba días atrás sentirse como cualquier estudiante antes de un examen trascendental. Él lo ha superado y, a juzgar por el entusiasmo del público, con sobresaliente.
Hace años, en 1993, un Carlos Álvarez en la recta final de la veintena, se atrevía a decirle no al maestro Ricardo Mutti para debutar en este papel en un templo lírico como es la Scala milanesa. Ahora a los 35, "más cantante y más persona", reconocía, ha hecho suyo el personaje central de este melodrama en tres actos con música de Verdi y libreto de Franceso María Piave.
Basado en el drama de Víctor Hugo "El rey se divierte", la censura del momento obligó a Verdi y a Piave a trasladar esta tragedia de pasiones desatadas, sufrimiento, depravación moral y venganza, además de demoledora crítica contra el poder, a la corte del Duque de Mantua, y no a la de Francisco I de Francia.
Graham Vick, uno de los más afamados directores de escena del momento, ha huido de lecturas convencionales y amables para fijar su mirada en la tragedia de Víctor Hugo, en unos personajes que se muestran ante el público tal y como son en realidad, seres sin escrúpulos y sin dignidad. Una lectura y un trabajo escénico que, a juzgar por la reacción del público, no fue compartida en la noche del estreno.
El director británico escuchó un gran abucheo cuando salió a saludar junto al resto del equipo artístico. Una pitada sonora en el mismo día en el que Vick declaraba a un periódico de Madrid que su responsabilidad era "hacia el compositor y el libretista, y no hacia el público".
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Carlos Álvarez, en plena forma vocal y física, tras el catarro que ha padecido, confesaba días atrás sentirse como cualquier estudiante antes de un examen trascendental. Él lo ha superado y, a juzgar por el entusiasmo del público, con sobresaliente.
Hace años, en 1993, un Carlos Álvarez en la recta final de la veintena, se atrevía a decirle no al maestro Ricardo Mutti para debutar en este papel en un templo lírico como es la Scala milanesa. Ahora a los 35, "más cantante y más persona", reconocía, ha hecho suyo el personaje central de este melodrama en tres actos con música de Verdi y libreto de Franceso María Piave.
Basado en el drama de Víctor Hugo "El rey se divierte", la censura del momento obligó a Verdi y a Piave a trasladar esta tragedia de pasiones desatadas, sufrimiento, depravación moral y venganza, además de demoledora crítica contra el poder, a la corte del Duque de Mantua, y no a la de Francisco I de Francia.
Graham Vick, uno de los más afamados directores de escena del momento, ha huido de lecturas convencionales y amables para fijar su mirada en la tragedia de Víctor Hugo, en unos personajes que se muestran ante el público tal y como son en realidad, seres sin escrúpulos y sin dignidad. Una lectura y un trabajo escénico que, a juzgar por la reacción del público, no fue compartida en la noche del estreno.
El director británico escuchó un gran abucheo cuando salió a saludar junto al resto del equipo artístico. Una pitada sonora en el mismo día en el que Vick declaraba a un periódico de Madrid que su responsabilidad era "hacia el compositor y el libretista, y no hacia el público".
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