L.D. / EFE.-
“El experimento” se basa en un experimento real que la Universidad de Stanford (EEUU) hizo en 1971 para estudiar los efectos psicológicos de la vida en la prisión. Como en aquel experimento, en la película de Hirschbiegel veinte voluntarios -ocho carceleros y doce presos- aceptan estar encerrados durante dos semanas a cambio de una importante remuneración, conscientes unos de que tienen que ejercer la autoridad y los otros de que perderán la intimidad y sus derechos civiles además de poder recibir ciertos maltratos.
Si en el caso real de EEUU, el experimento se tuvo que suspender porque los vigilantes empezaban a dejarse llevar por el sadismo -incluso con algún caso de abuso sexual-, en la cinta alemana Hirschbiegel recurre a la ficción para imaginar cómo habría continuado la situación si los científicos hubieran perdido todo control de su experimento.
El director ha explicado este domingo en conferencia de prensa que no cree que la historia sea más fácil ubicarla en Alemania por su pasado histórico, porque, a su juicio, "es una historia universal, que va sobre el comportamiento humano dentro de una cárcel, la opresión y la dictadura en estos centros".
El rodaje, confiesa el director, fue "bastante tenso", hasta el punto de que "los actores se metían tanto en sus personajes que cuando íbamos a comer se separaban también entre vigilantes y presos".
Por otra parte, la película japonesa "Battle Royale", de Kinji Fukasaku, en la que un grupo de jóvenes concentrados en una isla son obligados a matarse entre ellos hasta que quede uno solo, ha traído hasta la sección fantástico del Festival de Sitges una especie de "Supervivientes" sanguinario. Aunque está bien concebida en su planteamiento inicial, el resultado final de la película se malogra porque al director se le escapa las historia de las manos y no es capaz de medir sus propios excesos.
Si en el caso real de EEUU, el experimento se tuvo que suspender porque los vigilantes empezaban a dejarse llevar por el sadismo -incluso con algún caso de abuso sexual-, en la cinta alemana Hirschbiegel recurre a la ficción para imaginar cómo habría continuado la situación si los científicos hubieran perdido todo control de su experimento.
El director ha explicado este domingo en conferencia de prensa que no cree que la historia sea más fácil ubicarla en Alemania por su pasado histórico, porque, a su juicio, "es una historia universal, que va sobre el comportamiento humano dentro de una cárcel, la opresión y la dictadura en estos centros".
El rodaje, confiesa el director, fue "bastante tenso", hasta el punto de que "los actores se metían tanto en sus personajes que cuando íbamos a comer se separaban también entre vigilantes y presos".
Por otra parte, la película japonesa "Battle Royale", de Kinji Fukasaku, en la que un grupo de jóvenes concentrados en una isla son obligados a matarse entre ellos hasta que quede uno solo, ha traído hasta la sección fantástico del Festival de Sitges una especie de "Supervivientes" sanguinario. Aunque está bien concebida en su planteamiento inicial, el resultado final de la película se malogra porque al director se le escapa las historia de las manos y no es capaz de medir sus propios excesos.
