L. D. / EFE,.
García Montero aseguró este lunes en la presentación de su libro en Sevilla que Bécquer es un autor "radicalmente moderno", que apuesta por la "ironía íntima" que distinguirá a toda la poesía posterior, y además es "un personaje urbano, radical, que convive con la multitud y frecuenta los prostíbulos y los salones, como hizo Baudelaire", y que además asiste a la transformación del Madrid moderno.
Esta circunstancia -ver cómo se ensanchan avenidas y se derriban barrios- le hace descubrir, según García Montero, que no hay valores eternos, a la vez que entabla "un diálogo con la velocidad y la fugacidad", de modo que huye de la poesía grandilocuente y retórica de su época, para instalarse en el poema breve y en la "rima".
El poeta fue además uno de los periodistas más destacados de su época y cubrió informativamente la línea ferroviaria del Norte y, según García Montero, fue desde el tren donde se ratificó en esa mirada veloz al preguntarse "¿Cómo hacer una versión poética de la velocidad?"
Esa inclinación por la sugerencia, en vez de por la descripción minuciosa y detallada es otro rasgo de su modernidad, que García Montero afirmó que existe igualmente en la prosa e incluso en las crónicas periodísticas del poeta sevillano.
El autor de "Gigante y extraño" -título extraído de la primera "rima"- señaló que Bécquer ha corrido una "suerte doble", porque si por un lado ha sido un poeta muy conocido y popular soporta por otro una injusta etiqueta de poeta "adolescente, débil y blando, que hace una poesía superficial".
Esta circunstancia la achacó García Montero a que la edición que salió de sus "Rimas", que fue póstuma, un año después de su muerte, y que no fue la que él preparó y que iba a prologar González Bravo, que se perdió durante la revolución de 1868, sino las que reunieron los amigos del poeta tras su fallecimiento.
A esa edición le imprimieron un orden "lógico", que según García Montero es el culpable de esa visión equívoca y superficial de Bécquer, quien quiso ordenar su libro conforme a los manuscritos recogidos en el llamado "Libro de los gorriones", una suerte de borrador.
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Esta circunstancia -ver cómo se ensanchan avenidas y se derriban barrios- le hace descubrir, según García Montero, que no hay valores eternos, a la vez que entabla "un diálogo con la velocidad y la fugacidad", de modo que huye de la poesía grandilocuente y retórica de su época, para instalarse en el poema breve y en la "rima".
El poeta fue además uno de los periodistas más destacados de su época y cubrió informativamente la línea ferroviaria del Norte y, según García Montero, fue desde el tren donde se ratificó en esa mirada veloz al preguntarse "¿Cómo hacer una versión poética de la velocidad?"
Esa inclinación por la sugerencia, en vez de por la descripción minuciosa y detallada es otro rasgo de su modernidad, que García Montero afirmó que existe igualmente en la prosa e incluso en las crónicas periodísticas del poeta sevillano.
El autor de "Gigante y extraño" -título extraído de la primera "rima"- señaló que Bécquer ha corrido una "suerte doble", porque si por un lado ha sido un poeta muy conocido y popular soporta por otro una injusta etiqueta de poeta "adolescente, débil y blando, que hace una poesía superficial".
Esta circunstancia la achacó García Montero a que la edición que salió de sus "Rimas", que fue póstuma, un año después de su muerte, y que no fue la que él preparó y que iba a prologar González Bravo, que se perdió durante la revolución de 1868, sino las que reunieron los amigos del poeta tras su fallecimiento.
A esa edición le imprimieron un orden "lógico", que según García Montero es el culpable de esa visión equívoca y superficial de Bécquer, quien quiso ordenar su libro conforme a los manuscritos recogidos en el llamado "Libro de los gorriones", una suerte de borrador.
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