L D (EFE)
Decenas de artesanos comenzarán este invierno la segunda fase de la reconstrucción del Buda más grande del mundo, obra que fue esculpida hace más de mil años en una montaña sagrada de la ciudad de Leshan, provincia de Sichuan (sur de China). El Buda, que está sentado en una colina, tiene 71 metros de altura y 28 metros de anchura y, según consta en los archivos de Leshan, mide 18 metros más que los dos colosos del Valle de Bumiyan, destruidos hace más de un año por los morteros de los talibanes en Afganistán.
Los budas de Bumiyan, excavados en dos imponentes huecos de las montañas afganas, fueron considerados hasta su destrucción (el Islam prohíbe la reproducción de imágenes divinas, sobre todo esculturas) las mayores del mundo, teoría que se mantuvo hasta que, pocos días después, China habló de su Buda de 1.280 años de antigüedad.Para la renovación del Buda de Leshan, deteriorado por la lluvia ácida y tormentas de arena y lluvia, se ha destinado un presupuesto de 180 millones de yuanes (unos 22 millones de dólares), de los que dos millones de dólares proceden de un préstamo del Banco Mundial.
Esta obra, que se ha convertido en uno de los puntos de peregrinaje de los budistas chinos, se esculpió entre los años 713 y 803 después de Cristo, época que corresponde a uno de los periodos más prósperos de la Dinastía Tang. La primera etapa de su reconstrucción, dentro de un programa estatal para recuperar el legado histórico, comenzó el pasado mes de marzo, y se concentró principalmente en el rostro del Buda, que tenía numerosos agujeros y arañazos de la lluvia ácida, según los artesanos.
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Los budas de Bumiyan, excavados en dos imponentes huecos de las montañas afganas, fueron considerados hasta su destrucción (el Islam prohíbe la reproducción de imágenes divinas, sobre todo esculturas) las mayores del mundo, teoría que se mantuvo hasta que, pocos días después, China habló de su Buda de 1.280 años de antigüedad.Para la renovación del Buda de Leshan, deteriorado por la lluvia ácida y tormentas de arena y lluvia, se ha destinado un presupuesto de 180 millones de yuanes (unos 22 millones de dólares), de los que dos millones de dólares proceden de un préstamo del Banco Mundial.
Esta obra, que se ha convertido en uno de los puntos de peregrinaje de los budistas chinos, se esculpió entre los años 713 y 803 después de Cristo, época que corresponde a uno de los periodos más prósperos de la Dinastía Tang. La primera etapa de su reconstrucción, dentro de un programa estatal para recuperar el legado histórico, comenzó el pasado mes de marzo, y se concentró principalmente en el rostro del Buda, que tenía numerosos agujeros y arañazos de la lluvia ácida, según los artesanos.
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