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FESTIVAL DE DANZA, GRANADA

María Giménez encarna a La bella durmiente arropada por el Ballet Nacional de Praga

Los componentes del Ballet Nacional de Praga arroparon a "La bella durmiente" encarnada en la bailarina española María Giménez que despertó en el escenario de los jardines del Teatro del Generalife, bajo la luna llena, con la coreografía de Marius Petipa inspirada en la composición de Tchaikovsky.

L D (EFE) La quinta velada de la 51 edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada se centró en el cuento homónimo del francés Charles Perrault, donde todos los bailarines del Ballet mostraron un cuidado vestuario que se exaltaba con la adecuada iluminación. El público, relajado, aplaudió tras dos horas y media de representación tanto al conjunto de los componentes como a lo largo de la misma a determinadas piezas efectuadas por solistas, se fue introduciendo despacio en la narración de esta historia infantil que logro acaparar en una fresca noche a los adultos.

La coreografía, cuidada y que sigue la original de Petipa según la versión del Ballet Kirov cuando se estrenó la obra en Teatro Marinsky de San Petersburgo en 1890, fue impecablemente interpretada y aplaudida tanto por la 'princesa Aurora" (María Giménez, Premio Nacional de Danza 1998) como por el príncipe Florimud que hizo el argentino Maximiliano Guerra.

La escenografía y vestuario de concepción tradicional, aunque añade pinceladas de creación moderna, contribuyó al éxito y frescura del espectáculo que brillo no sólo por los rítmicos pasos acompasados con la música de Tchaikovky sino por el juego, imperceptible a veces, de luces sobre ellos. Los 65 bailares que componen el cuerpo de baile del Teatro Nacional de Praga, algunos de ellos fueron modificados, proceden de la República Checa, aunque también hay integrantes de Rusia y Japón, y contaron con la dirección de Vlastimil Harapes. La reina, el rey, el maestro de ceremonias, el servidoras, el hada de las Lilas, el hada maligna, la princesa Florine, el pájaro azul, caperucita roja, el lobo, el minino, el gato, el diamante, la plata, el oro, el zafiro, la niñera o los pretendientes mostraron su adecuado vestuario sobre el escenario.

En el natural escenario de los Jardines del Generalife, limitado por cipreses y vigilado por la luna llena las bailarinas lucieron sus tutús verdes, azules, rojizos, rosas, simulando pétalos de flores y combinados con cuerpos de encajes y pedrerías mientras chocaba con el vestuario de marcado rasgo imperial de una corte.

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