L D (EFE)
El museo reúne 461 piezas del fondo de 961 que integran la colección privada de este compositor e intérprete madrileño especializado en música medieval, adquiridas en subastas, almonedas, anticuarios, viajes, recibidas como regalo o reproducidas a partir de originales para su uso en conferencias, conciertos y grabaciones. La selección y exposición no responde a ningún criterio científico, sino al gusto personal del propio Luis Delgado, quien ha recopilado estos instrumentos durante más de treinta años de trayectoria artística en los que ha editado catorce discos como solista y una veintena como miembro de distintos grupos.
La singularidad, belleza, procedencia y exotismo caracterizan este muestrario que su propietario comenzó a reunir cuando en 1977 compró en Budapest (Hungría) una cítara (Kisfejes Citern), y donde están representados los cinco continentes e incluso réplicas medievales como un laúd, un salterio, un rabel y un campanil. Llamarán la atención del visitante, por su curiosidad, un collar africano que suena al agitar sus cuentas formadas por capullos secos de mariposas con larvas muertas en su interior, o la denominada "Charrasca del Diablo", elaborada en Méjico con una quijada de burro de la que se extraen sonidos al friccionarla.
Las pieles más insólitas, como la de un cordero nonato para un tar iraní y el pericardio de una vaca para un sitar, también de Irán, atraerán la atención de aficionados, estudiosos y curiosos que se acerquen hasta Urueña, un pequeño pueblo de apenas doscientos habitantes que dispone de una amplia oferta cultural. La variedad de esta exposición queda reflejada en una guitarra que usó el afamado folclorista Agapito Marazuela, un mellotrón del grupo "Los Canarios" donado por Teddy Bautista -uno de sus antiguos miembros-, un bajo de "Los Módulos" y una bandurria cedida por Claudio Ballesteros, maestro de la Orquesta Ibérica y de la de Gaspar Sanz, de referencia en España dentro de las de pulso y púa.
La singularidad, belleza, procedencia y exotismo caracterizan este muestrario que su propietario comenzó a reunir cuando en 1977 compró en Budapest (Hungría) una cítara (Kisfejes Citern), y donde están representados los cinco continentes e incluso réplicas medievales como un laúd, un salterio, un rabel y un campanil. Llamarán la atención del visitante, por su curiosidad, un collar africano que suena al agitar sus cuentas formadas por capullos secos de mariposas con larvas muertas en su interior, o la denominada "Charrasca del Diablo", elaborada en Méjico con una quijada de burro de la que se extraen sonidos al friccionarla.
Las pieles más insólitas, como la de un cordero nonato para un tar iraní y el pericardio de una vaca para un sitar, también de Irán, atraerán la atención de aficionados, estudiosos y curiosos que se acerquen hasta Urueña, un pequeño pueblo de apenas doscientos habitantes que dispone de una amplia oferta cultural. La variedad de esta exposición queda reflejada en una guitarra que usó el afamado folclorista Agapito Marazuela, un mellotrón del grupo "Los Canarios" donado por Teddy Bautista -uno de sus antiguos miembros-, un bajo de "Los Módulos" y una bandurria cedida por Claudio Ballesteros, maestro de la Orquesta Ibérica y de la de Gaspar Sanz, de referencia en España dentro de las de pulso y púa.
