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Donde digo digo…

Los profanos nunca entenderemos cómo es que un animal que solo come bellotas pueda dar un jamón tan exquisito.

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Es sabido que normalmente los textos periodísticos que tecleamos y enviamos para su publicación no los corrige nadie. Quizá confiamos demasiado en el corrector automático del ordenador. Un ejemplo. Pablo Cano (desde París) me envía el recorte de una entrevista con un psicólogo, publicada en ABC. El texto aparece plagado de errores de todos los tipos y calibres. No lo reproduzco por delicadeza corporativa. Solo me sumo a la petición de que los periódicos y editoriales deberían tener correctores de textos, como sucedía antes. Lo que sale del teclado de los escritores muchas veces aparece tachonado de errores. No me refiero tanto a las erratas sino a equivocaciones de sintaxis o, peor aún, de concepto. Por ese lado somos incorregibles.

Adolfo Ipiña Morón critica acerbamente este titular de Libertad Digital: "Rajoy baraja (sic) reducir el número de diputados y municipios. Anuncia una agenda (sic) para mejorar la calidad democrática". Se pregunta don Adolfo si muchos periodistas no serán "perianalfabetos". Hombre, el ejemplo no está bien traído. El diccionario de Manuel Seco y colaboradores (el mejor que existe) dice que "barajar" es "manejar un conjunto de datos o conocimientos, o disponer de ellos". "Agenda" la define también como "conjunto de cosas que alguien tiene que hacer en un día o un conjunto de días determinado". Por tanto, mi querido y escrupuloso don Adolfo, el titular de LD es correcto y se entiende.

Chaim Lerner me precisa que Kissinger no pudo ser candidato a la Presidencia de los Estados Unidos por haber nacido en Alemania, no por ser judío. Aclarado queda. Añado que no deja de ser curioso que una nación de inmigrantes vete a los nacidos en el extranjero la posibilidad de ser candidatos a la Presidencia de la nación. En todas partes cuecen nacionalismos.

Julio Iglesias de Ussel plantea una cuestión peliaguda: ¿cómo es posible que en España se ensalcen los productos del cerdo y al mismo tiempo se utilicen para insultar? Confirmo el hecho paradójico, pero no acierto del todo con la solución.

En la cultura española se exalta el cerdo ─y no digamos el jamón─ para señalar que el sujeto nada tiene que ver con judíos o musulmanes. Marranos eran los judíos o los moros conversos, a veces de forma forzada, y que no eran bien aceptados por la comunidad de los que se consideraban cristianos viejos. Más tarde esa palabra despectiva de marranos (que proviene del árabe para indicar lo prohibido) se aplicó a los cerdos. El pobre animal gusta de chapotear en el barro y la suciedad porque su piel no transpira bien. Puede que subsista un resto del tabú del cerdo por ser omnívoro y por parecerse tanto por dentro a la anatomía humana. Por tanto eventualmente podría haberse comido a un niño. Aparece aquí el tabú del canibalismo. Por ahí debe de andar la explicación de que el cerdo sea alimento prohibido para judíos y musulmanes. Desde luego, no es verosímil la teoría de que esa prohibición se basaba en argumentos de higiene, de temor a la triquinosis.

Ignoro de dónde viene el sentido despectivo de chorizo (un alimento tan sabroso) para referirse a los ladrones, ahora los políticos corruptos. Resulta enternecedor el aprecio social por un plato como las manitas de cerdo, que a veces repugna a los extranjeros. Asombra la cantidad de sinónimos para el cerdo, casi todos despectivos cuando se aplican a los humanos: cochino, gorrino, puerco, verraco, marrano, tocino, guarro, animal de bellota, gocho, cocho, gorrino, chancho. Los profanos nunca entenderemos cómo es que un animal que solo come bellotas pueda dar un jamón tan exquisito.

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