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'Priscilla' reina en Londres y en Madrid

El pasado 1 de octubre se estrenaba en el Teatro Nuevo Alcalá de Madrid el musical Priscilla. Reina del desierto.

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Momento del musical

A esa primera representación asistimos gran parte de la prensa e invitados varios entre los que se encontraban "los listillos", aquellos que habían visto la función en Londres o Nueva York e iban predispuestos a comparar. Tengo que decir que yo también la he visto en Londres, dos veces para ser exactos, y además iba avisado de que algunas de las canciones que vi en el escenario londinense se habían eliminado a favor de las incluidas en su versión norteamericana. Por lo que en mi caso era un aliciente ya que iba a ver "algo nuevo".

Se abre el telón, comienza la música, salen unas señoras colgadas del techo y tengo detrás a un espectador totalmente despistado que comenta en voz alta con su acompañante "así no comienza la película". Otro que no se ha enterado que no es la película sino una versión más cómica, menos ácida y por supuesto con muchos números musicales como corresponde a un musical.

Asistimos a la historia de Bernadette, una transexual que acaba de sufrir la pérdida de un ser querido y a la que un amigo transformista le propone un largo viaje por Australia para terminar actuando en un casino bastante alejado de Sydney. Allí le aguarda alguien muy importante de su pasado que no voy a desvelar para no reventar la función. El caso es que se les va a unir un tercer transformista o drag queen joven y loco que pone de los nervios a Bernadette y que será foco de conflicto durante la ruta que realizarán en un destartalado autobús al que darán forma hasta convertirlo en Priscilla, auténtica protagonista de la obra.

Pues hasta aquí todo bien, el público entra estupendamente en la trama, se menea en la butaca con canciones muy conocidas y así llegamos al descanso. A mí que me gusta escuchar a la gente, porque para eso soy muy cotilla, pongo la oreja en lo que habla uno de esos especímenes que no sólo no disfrutan con la función sino que analizan y comparan todas las escenas con lo que vieron en Londres. A mí me daba la sensación de que lo estaban pasando fatal a lo que yo me preguntaba ¿para qué han ido?, ¿por qué no se van?, ¿qué necesidad de sufrir? Así que no pude refrenarme y me acerqué a uno de ellos y le dije "¿sabéis lo que os pasa? Que no disfrutáis porque no os ha costado un duro. La producción es calcada a la de Londres, los directores son los mismos y todos los actores están haciendo un gran esfuerzo a todos los niveles para llevar la obra a buen puerto. Es más, hasta el autobús es el mismo".

Y sigo: "Las comparaciones son siempre malas y siempre saldrá ganando esa primera vez que la viste por dos razones. Una, la económica, porque te costó más de 100 euros verla. Y otra, porque efectivamente, era la primera vez que la veías". Después de esto, me fui muy digno, no era cuestión de discutir ni de escuchar respuesta, sobre todo porque me había quedado muy a gusto.

En cuanto lo que me pareció Priscilla, ¡me gustó! De hecho estoy deseando volver a verla con público que haya pagado y que va dispuesto a disfrutar, a bailar, a cantar… porque Priscilla invita a ello. Además prometo ponerme la boa de plumas que me regalaron en el estreno para estar a tono y convencerme una vez más de que las comparaciones son odiosas, o como decía al principio, son siempre malas.

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