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Zoé Valdés

Tía Céline

En su reciente Discurso sobre la Virtud, Alain Finkielkraut volvió sobre el hecho de que estamos viviendo bajo un "nuevo orden moral".

Zoé Valdés
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En su reciente Discurso sobre la Virtud, que es como se le llama al tradicional discurso de homenajes y nombramientos en la Academia Francesa, el filósofo y escritor Alain Finkielkraut volvió sobre el hecho de que estamos viviendo bajo un "nuevo orden moral". Explicó que la moralina de la tía Céline, personaje de la magna obra de Marcel Proust, ha finalmente ganado, yéndose incluso por encima del autor de En busca del tiempo perdido, y de su pensamiento y estética acerca de la vida y del arte.

Cuando leí el titular en Causeur, pensé que Finkielkraut se había atrevido a mencionar a Louis-Ferdinand Céline, otro autor controversial. Pero no, ha ido más allá. Más lejos, como acostumbra.

Nos ha asombrado una vez más con su mejor intervención acerca de una tía agaçante, retrógrada, antigualla y moralista, "ícono del igualitarismo compasional (de compasión y confesional) que reina por todas partes", como sólo puede serlo y hacerlo la izquierda, provocado por ella y por su entorno de plañideras, que aplauden con las nalgas más que con el cerebro y las palmas y balbucean sus terminaciones inclusivas de género.

Lleva mucha razón el filósofo. No sólo en lo que al arte, al pensamiento, a la filosofía, se refiere. Lo padecemos más que nada en la política, en la vida; porque además todo lo anterior ha devenido más que nunca política y realidad cursi y rasera, antes que arte, pensamiento y filosofía. Ni mencionemos a la imaginación, no vaya a ser que terminemos fusilados.

Más de una semana en huelga de transporte. Dos líneas de metro trabajando a medias. Hace apenas unos días una mujer dio a luz en un vagón repleto hasta el tope del RER, hubo varios heridos debido a las aglomeraciones excesivas… Ya la gente empieza a quejarse de la pérdida de peso provocada por las largas caminatas hacia los trabajos y de regreso a casa después. Pero el emperadorzuelo Macron no cede ni un ápice. No puede ceder frente a los sindicatos y sindicalistas mostachudos. Y eso que las jubilaciones "no se irán a tocar", como prometió antes de ser gobernante. Igual que todos. Mucho prometido hasta lo metido. La vida se nos larga entre banqueros y sindicalistas.

Prohibiciones en los museos de obras de grandes artistas, sólo porque los desnudos núbiles molestan la sensibilidad de las que fueron violadas, abusadas, atacadas, maltratadas, un sinfín de adas sin hache… No sé todavía cómo logró sobrevivir el plátano pegado (¿o crucificado? –uf, atentado a la religión) a la blanca (racismo, cuidado) pared con cinta adhesiva (¿plateada, negra? - racismo, atención) en Art Basel Miami con su curvada forma fálica. Debió de haberlo salvado la forma, la curva. En la curva radica la salvación y la resurrección del plátano. Racimo contra racismo.

Y, sin embargo, mientras Woody Allen (pedófilo incestuoso, ¡huye de él!) sigue haciendo películas con su ácido humor judío (ricos, apestosos, la plaga), y Netflix estrena una película donde Jesucristo es gay, gay no, mariconísimo (aquí toca manif de emplumados LGTBXYZPWKNIF&%$…), todavía nadie le mete mano al pedófilo Mahoma, ni por asomo. ¡Qué va! ¿No ves que si no se es un correcto islamo-marxista de último ensamblaje no recibirá usted subvenciones para bodrios tercermundistas filmados con alevosía –digo, ideología?

Entretanto, Boris Johnson, el rubio malo, ya formó (contra, cuánta rapidez) un Gobierno ejemplar de jóvenes e inmigrantes, aunque la prensa española sigue enganchada con su mala gestión del Brexit, como si los ingleses no hubieran votado lo suficiente por la salida de la Unión Europea y por Boris en mayoría absoluta.

Por el contrario, España sigue sin Gobierno, y no sé si será mejor que lo componga y al final lo tenga. Tal como veo de lo que irá la cosa: de comunismo in vogue.

Qué ganas tengo de que toquen otra vez elecciones (en Francia, que en España ya es como una manía), a ver si ganan las rubias de aquí –y eso que a la mayor no la aguanto–. Pero sólo mediante semejante repulsivo la gentuza reaccionará, o eso creo. Creer cuesta cada vez más, también lo sé.

Pues sí, la que ha ganado por el momento en Francia ha sido la tía Céline, y menos mal que todavía quedan filósofos con voces potentes que lo hacen notar mediante críticas valientes y certeras.

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