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Santiago Navajas

Doble batalla cultural

La progresía se pone del lado de la minoría radical islámica protegiendo su 'modo de vida'.

Santiago Navajas
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La progresía se pone del lado de la minoría radical islámica protegiendo su 'modo de vida'.

Comienza en París el juicio por el atentado islamista contra la revista satírica Charlie Hebdo. La periodista Zineb El Rhazoui, que se libró por casualidad de ser asesinada, desvela las batallas culturales que están detrás del proceso. Por un lado, los defensores de las leyes de la República, la razón y la crítica frente a una visión del mundo, la islamista, que pone la sharia por delante de la Constitución y el Estado de Derecho. Pero también la liberal e ilustrada contra la progresista multicultural, que considera que las identidades culturales y las sensibilidades étnicas son más importantes que la libertad de expresión de los individuos.

En dicha batalla, advierte El Rhazoui, el enemigo obvio es el fundamentalismo islámico, pero también hay que luchar contra un adversario emboscado, todos aquellos que en Occidente nunca se han sentido cómodos con una libertad de expresión al estilo liberal, que ampara la crítica despiadada e incluso soez contra todo tipo de creencias y personalidades, con el único límite del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

Recordemos que cuando se produjeron diversos atentados islamistas contra humoristas europeos, dirigentes políticos conservadores, como George W. Bush, y socialistas, como José Luis Rodríguez Zapatero, los condenaron pero añadiendo que a partir de entonces recomendaban prudencia porque consideraban que la publicación de las viñetas era una provocación innecesaria. Y es que los periodistas, según estos políticos irresponsables a fuer de sensatos, publican viñetas y escriben artículos denunciando el fanatismo religioso como las colegialas visten minifaldas y escotes de vértigo según los puritanos. Otra periodista francesa, Caroline Fourest, autora de El derecho a la blasfemia, reconoce que el miedo está ganando y que hoy casi nadie en Francia se atreve a criticar no solo a los islamistas sino al islam. Salvo en una aldea irreductible, heredera del espíritu liberal de Étienne de La Boétie: la propia Charlie Hebdo, que ha vuelto a publicar las viñetas que denunciaban al terrorismo islamista.

Si la libertad de expresión fue el caballo de batalla principal para los ilustrados, ahora se libra una nueva batalla contra los reaccionarios islamistas, por un lado, mientras que nos encontramos con que la progresía se pone del lado de la minoría radical islámica protegiendo su modo de vida. Sin embargo, algunos intelectuales franceses tienen el coraje de poner en el punto de mira de sus aceradas sátiras la islamización del espíritu público galo, como han denunciado Michel Houellebecq en sus novelas, Alain Finkielkraut en sus ensayos y resumió brillantemente Charlie Hebdo:

No hay que herir la fe de los creyentes, nos dicen personas razonables y los empresarios del yogur que temen el boicot. Estamos abiertos al debate. Pero, dado que el debate tiene lugar, hará falta en adelante que ciertos creyentes dejen de herir inmediatamente a aquellos que no comparten estrictamente las mismas convicciones que ellos. Y que cesen de responder al lápiz y a la pluma con el puñal y el cinturón de explosivos.

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