Menú

En memoria de un gran liberal, Juan Antonio Rivera

Rivera sabía ganarse los cerebros pero también los corazones de sus adversarios ideológicos, los típicos filósofos a la española tan políticamente correctos como filosóficamente previsibles.

Rivera sabía ganarse los cerebros pero también los corazones de sus adversarios ideológicos, los típicos filósofos a la española tan políticamente correctos como filosóficamente previsibles.
Juan Antonio Rivera | Arpa Ediciones

En las páginas socialdemócratas de la revista Claves de Razón Práctica, que dirigían Javier Pradera y Fernando Savater, una rara avis destacaba como un lirio azul en un campo de amapolas, Juan Antonio Rivera. Uno de sus primeros artículos en CRP fue Hayek, Tolstói y la batalla de Borodino donde hacía un uso magistral de la retórica, la analogía y el análisis para explicar a sus amigos socialdemócratas que, como defendía el pensador austríaco en sus ensayos y el novelista ruso en Guerra y Paz al describir la batalla de Borodino, la información se encuentra fragmentada y dispersa en las acciones humanas de modo que es peor que una ensoñación, una distopía, pretender, cómo hacen los intervencionistas de todos los partidos, que se le puede dar de algún modo epistemológicamente superior una estructura, un orden y una planificación.

Citar a Hayek en 1991 sin insultarlo, caricaturizarlo y compararlo con Belcebú, mencionando siempre a Pinochet, en una revista progresista como CRP era como elogiar a Satán en la Capilla Sixtina. Pero Rivera era como Aron y Berlin, un filósofo académicamente circunspecto, británico en las formas, tanto en las personales como en las profesionales. Alguien con quien era un placer disentir sin llegar nunca a odiarlo o despreciarlo. Rivera sabía ganarse los cerebros pero también los corazones de sus adversarios ideológicos, los típicos filósofos a la española tan políticamente correctos como filosóficamente previsibles. Rivera, por el contrario, nunca sabías por dónde te saldría con el último artículo o libro, pero siempre podías acertar apostando por la defensa de la sociedad abierta (De la sociedad cerrada a la sociedad abierta, Claves de Razón Práctica, Nº 62, 1996, págs. 16-25), en contra de la superioridad moral (Mercado frente a solidaridad, Claves de Razón Práctica, Nº 67, 1996, págs. 20-29) y a favor de la ironía de los que son muy virtuosos salvo porque no paran de presumir de virtud (¡Salud, virtuosos republicanos!, Claves de Razón Práctica, Nº 92, 1999, págs. 22-29).

lo-que-socrates-diria-a-woody-allen.jpeg

Cero sorpresa y sí mucha alegría de que que ganase el Premio Espasa de Ensayo (2003) por una magistral obra divulgativa que aunaba sus dos pasiones, el cine y la filosofía, Lo que Sócrates diría a Woody Allen, y el Premio Libre Empresa (2006) por la que sea seguramente la gran obra liberal dentro de la Spanish Theory Menos utopía y más libertad, en la que defiende en el siglo XXI un liberalismo humanista, valga el pleonasmo, en la senda de Adam Smith y Hume en el siglo XVIII, Tocqueville y Lord Acton en el XIX y Eucken y Ortega en el XX. Un poco antes, 2000, en El gobierno de la fortuna, demostraba que si un economista que solo sepa de economía no es ni siquiera un economista, Hayek dixit, un filósofo que no sepa de economía al hablar de cuestiones sociales no es más que un bocachancla.

Tengo el honor de que me enviase dedicado un ejemplar de su libro de filosofía para jóvenes al borde de un ataque de cultura, Camelia y la filosofía, el equivalente en problemas filosóficos a El mundo de Sofía para la historia de la filosofía, solo que mejor escrito y más profundo. La cita que abre el libro es de Oscar Wilde

"Me pregunto quién definió al hombre como un animal racional. Es la más prematura de las definiciones"

que también podría abrir su última obra, recientemente publicada este mismo año, Moral y civilización. Una historia (Arpa editores) que reconozco que todavía no he leído pero que pronto lo haré con el mal sabor de boca de que ya no esté entre nosotros la mirada lúcida, el talante calmado, el toque irónico y el enciclopédico conocimiento de su autor. Sin embargo, sus artículos y ensayos no serán letra muerta sino espíritu vivo. Cuando abran uno de sus libros no solo disfrutarán de su rigor, precisión y profundidad sino también del placer de mantener una conversación con alguien que de alguna manera, la más importante, es inmortal por permanecer con reconocimiento afectuoso en la memoria, con admiración alegre en la inteligencia.

comentarios

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad