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Cuando los españoles se traían del extranjero, a escondidas, la revista 'Playboy' llena de desnudos

Durante el franquismo, los españoles escondían en sus maletas ejemplares de Playboy, símbolo del erotismo prohibido en el país.

Durante el franquismo, los españoles escondían en sus maletas ejemplares de Playboy, símbolo del erotismo prohibido en el país.
Lisa Matthews posó semidesnuda en junio de 1991. | Playboy

En la década de los 50 del pasado siglo las publicaciones con desnudos estaban prohibidas por la censura franquista. Control que duró hasta la disolución del Régimen, aunque ya en sus últimos años esa presión se había ido rebajando. Puede decirse que cuando en España los quioscos de prensa no vendían esos ejemplares con imágenes sobre todo de mujeres despelotadas, a finales de los 50 y durante las dos décadas posteriores, quienes viajaban al extranjero se traían camufladas entre las ropas o equipajes algunas de esas revistas del despelote, en particular "Playboy", la primera que se editó en los Estados Unidos con esos contenidos, a partir de 1953, y en adelante con ediciones en varios países europeos. Menos el nuestro, claro.

Como quiera que eran los varones quienes más se solazaban con aquellas imágenes prohibidas aquí, las lectoras, con iguales derechos, podían adquirir "Playmen", la otra revista que insertaba en sus páginas a varones bien dotados en cueros vivos. Ciertamente, "Playboy" vendía millones de ejemplares, y en cifras muy inferiores "Playmen".

Aquel "invento" de "Playboy" se debió a la iniciativa del norteamericano Hugh Hefner, nacido en Chicago en 1926. Cursó estudios de Arte y Psicología. Fue editor de "Enquire", una acreditada publicación generalista. Hasta que le dio vueltas a su cabeza para lanzar una revista de contenido sexual, con desnudos que no resultaran procaces, a diferencia de lo que ocurría en ese mercado periodístico con semanarios marginales.

Hugh Hefner, el creador del mito

Hugh Hefner iba a convertirse, a partir de 1953, en precursor del erotismo gráfico, sosteniendo que era preciso defender las libertades individuales. No entendía que pudiera prohibirse un desnudo femenino. A lo largo de su vida también combatió la segregación racial, defendiendo los derechos de los negros.

Aun siendo de familia muy religiosa, o precisamente por eso, se enfrentó a cuantos le criticaron por haber empezado a editar "Playboy", que en su primer número llevaba fotografías de Marilyn Monroe completamente en porretas. Estaba entonces esta diosa del cine en su mayor plenitud, pero aquel reportaje correspondía a unos años anteriores cuando aún no era famosa en Hollywood. Paquete de fotos que Hefner había adquirido al autor, guardándolas hasta el momento propicio de imprimirlas en su revista. Número que se agotó enseguida, del que se vendieron cincuenta mil ejemplares.

En adelante, con periodicidad mensual, "Playboy" continuó editando números conteniendo desnudos de modelos o aspirantes a ser estrellas del cine o la televisión. Pero que no podían considerarse imágenes lascivas, sino simplemente imágenes eróticas, no pornográficas. Muy cuidadas estéticamente por artistas de la cámara. Mostraban esos cuerpos sin ropa destacando el busto y las piernas, jamás el sexo.

El símbolo del conejito

La revista llevaba un símbolo gráfico, como mascota o imagen de la publicación, un conejito (bunny). De lo que derivó el término "Playmate" adjudicado a las modelos que aparecían en portada o en su interior, con un desplegable en el centro, a modo de "póster". Algunas de esas "Playmates" lograron el sueño de aparecer en las pantallas cinematográficas, pero no tenemos noticias de que alguna siquiera se convirtiera en una estrella. Lo que sí lograron unas pocas es ser amantes del dueño de "Playboy", y otras, incluso, sus parejas.

Hugh Hefner tenía un gran sentido empresarial y se hizo multimillonario con su revista. Lo que le permitió ampliar el negocio inaugurando cabarés, hoteles, casinos y hasta una cadena de televisión. Y todo eso partiendo de una sociedad por él presidida en la que aportó seiscientos dólares propios y diez mil de algunos socios. Cada ejemplar de "Playboy" comenzó costando a partir de 1953 cincuenta centavos de dólar. A todo ese patrimonio antes mencionado hay que agregar una fastuosa mansión – la Mansión "Playboy" – que, para un europeo de buen gusto, resultaba bastante hortera. Una espectacular piscina era a menudo fotografiada pues allí, luciendo unos bañadores diseñados con iguales medidas, aunque de diferentes colores, las "Playmates" se reunían cada temporada. Era una cita muy esperada en Chicago. Mensualmente se elegía "la Playmate" de ese corto periodo de tiempo, que era la favorita para aparecer en la portada y en el "póster" central de triple página.

Míster Hefner se casó tres veces. La primera en 1949, con Millie Williams, unión que duró un decenio. La segunda, en 1989 con Kimberley Conrad, de quien se divorció en 2010. Dos años después tuvo lugar su tercer y último enlace, en 2012, que acabó en 2017 con la muerte del magnate. Su última esposa, Crystal Harris, resultó favorecida con el legado, junto a los cuatro hijos de anteriores matrimonios. Recibieron ante notario una fortuna de cuarenta y tres millones de dólares.

Calificar de seductor a Hugh, siempre rodeado de hermosas mujeres de su negocio, nos parece poco. Mujeriego, por supuesto. Pero ¿qué iba a hacer, si constantemente por la Mansión "Playboy" entraban y salían las más espectaculares féminas del planeta? Él confesó en una entrevista aparecida en "Enquire" que se había acostado a lo largo de su vida con mil señoritas y señoras. Modesto, si lo comparamos con nuestro Julio Iglesias, que aseguraba haberlo hecho con tres mil. Las "Playmates" que despertaban en él mayor interés eran convertidas en sus amantes. Los nombres de ellas figuran en la biografía del dueño de "PlayboyÔ.

Nunca tuvo problemas con los que en Estados Unidos se ocupan de calificar publicaciones y películas, atendiendo a la moral allí conocida, salvo en una ocasión en la que lo arrestaron "por publicar y difundir literatura obscena", en el ejemplar del mes de junio de 1963, donde una Jayne Mansfield mostraba su poderosa anatomía.

Aunque hasta los últimos momentos de su vida Hefner vigilaba sus negocios, en la década de los 70 del pasado siglo delegó la presidencia de su colosal empresa en su hija Christie. Para entonces, "Playboy" había entrado en decadencia de ventas pues tenía ya la competencia de otras parecidas publicaciones.

También hay que significar que los lectores pertenecían a una generación muy distinta en cuanto al interés por ese tipo de erotismo gráfico. En cambio, en España fue a partir de mediados de esos años 70 cuando tras la muerte de Franco y el tiempo de la Transición, las garras de la censura dejaron poco a poco de frenar la difusión de tales revistas. Se vivió entonces un periodo denominado "destape". Ya los españolitos viajeros fuera de nuestras fronteras no tenían necesidad de comprar ese material que, años atrás, había despertado su libido. No vemos a jóvenes de hoy interesados en contemplar esas imágenes que a sus padres y abuelos tanto ardor erótico les producía. La moral franquista se había impuesto entonces en España para que nadie pudiera condenarse con tales visiones, llamadas guarradas o guarrindongas en lenguaje coloquial.

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