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Actitud o aptitud: la confusión que puede costarte caro

Diferenciar el comportamiento de la destreza técnica es vital. La Real Academia aclara conceptos que suenan igual pero tienen fines opuestos.

Estudiante preparando exámenes | Unsplash/Borja Verbena

La confusión entre actitud y aptitud es frecuente por su similitud fonética, aunque cada término tiene un significado propio y no son intercambiables.

Según la Real Academia Española (RAE), actitud tiene dos sentidos principales: "postura del cuerpo, especialmente la determinada por un estado de ánimo" y "disposición de ánimo manifestada de algún modo". El término puede referirse tanto a la expresión corporal como a la forma de afrontar una situación. Por ejemplo: "Su actitud era la de un cobarde".

Aptitud, por su parte, se define como "la capacidad para operar competentemente en una determinada actividad" o idoneidad para el desempeño de algo. Así, se refiere a habilidades o cualidades que permiten realizar una tarea. Por ejemplo: "Superará la prueba porque tiene una gran aptitud musical".

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Así, somos conscientes de que la diferencia esencial es sencilla: mientras que la actitud se relaciona con la disposición o el comportamiento ante algo; la aptitud, con la capacidad para hacerlo.

En la práctica, comprender esta distinción ayuda a evitar confusiones en distintos contextos, desde la educación hasta el trabajo o la vida cotidiana. Por ejemplo, un estudiante puede mostrar una actitud positiva y entusiasta ante un examen, pero si carece de la aptitud necesaria, es probable que no obtenga el resultado esperado. Por eso, aunque ambas palabras se pronuncien de manera similar, sus usos y efectos son completamente distintos.

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