Huérfano de niño, el artista que había en Joaquín Sorolla fue descubierto por su tíos, que pronto lo animaron a entrar en la Escuela de Artesanos de Valencia. En 1878 ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos para estudiar pintura. A los 17 años ya se dedicaba profesionalmente a ella. El artista español de mayor proyección internacional de su tiempo era conocido como el pintor de la luz por sus increíbles escenas de playa, pero también fue capaz de lograr los más bellos matices con pinceladas negras. Repasamos su vida y las diferentes etapas de su pintura en el 100 aniversario de su muerte.
La carrera de Sorolla abarca desde 1880 a 1928. Desde muy joven tuvo la iniciativa de presentarse a certámenes para darse a conocer. Sorolla concurrió a la Exposición Nacional de 1884 con un cuadro sobre el alzamiento de Madrid contra la invasión francesa del 2 de mayo de 1808.
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El grito del Palleter (1885)
La Diputación de Valencia ofrecía una gran oportunidad que resultó crucial para la formación del joven artista. Sorolla ganó una beca para ampliar sus estudios artísticos en Roma desde enero de 1885. Se presentó con este Grito del Palleter.
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El padre Jofré defendiendo a un loco (1887)
En su estancia en Italia, Sorolla se formó en Roma, Florencia, Nápoles y Asís, aprendiendo de los grandes maestros renacentistas. En Asís pintó en 1887 El padre Jofré defendiendo a un loco, dando por concluida su beca de estudios. A su regreso a España, se instaló en Madrid aunque viajaba continuamente a su Valencia natal.
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Trata de blancas (1894)
Las obras de pintura social le procuraron fama en las últimas décadas del siglo XIX. Esta corriente centraba el interés en los aspectos más dramáticos de las clases menos favorecidas. El cuadro representa a cuatro jóvenes prostitutas acompañadas de su Celestina.
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Madre (1895)
Sorolla nos deja pasar a la intimidad de su familia en este cuadro en el que demuestra su genio en el tratamiento de los blancos en un alarde técnico sin igual. El bebé es Elena, la hija menor del pintor, nacida el 12 de julio de 1895. Aunque el lienzo es de 1895, la cabeza de la pequeña fue pintada en 1900.
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La vuelta de la pesca (1895)
Sorolla continuó presentándose a certámenes internacionales cada vez con más éxito. La vuelta de la Pesca fue el cuadro escogido para el Salón de París de 1895, una escena que le abrió el mercado en España. Cada vez, era más demandado.
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Cosiendo la Vela (1896)
Sorolla comenzaba a ser uno de los artistas preferidos de los españoles gracias a su talento para captar la luz. Comenzaba a forjarse la leyenda.
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Comiendo en la barca (1898)
Este cuadro es uno de los más importantes en la carrera de Sorolla pues siembra las bases de lo que será su pintura. Percibe una España blanca que contrasta con esa España negra que reflejaban otros artistas como Ignacio Zuloaga. Intelectuales como Galdós, Baroja o Unamuno le acusarían en el futuro de evadir sistemáticamente la gravedad de la situación del país en sus cuadros. Está pintado al aire libre en Valencia en 1898, el mismo año en el que consiguió la medalla de oro en Múnich.
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Bordadora valenciana (1901)
Sorolla abordó temas mitológicos pero, sobre todo, quiso reflejar tareas cotidianas, preferentemente protagonizadas por mujeres. Estos cuadros costumbristas le acercaron a los clientes privados, que cada vez le encargaban más obras.
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Remendando las redes (1901)
De nuevo Sorolla se fija en acciones cotidianas del entorno que bien conoce. Es una muestra del realismo costumbrista de los primeros años del siglo XX. El sol se filtra por la techumbre e intensifica el blanco de la ropa de las mujeres y de la arena.
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La familia (1901)
La familia del artista fue un pilar fundamental para su carrera. En este retrato vemos a Clotilde de rojo, apoyada sobre la silla en la que se halla Elena. De pie, María, y sentado, Joaquín. Al igual que hiciera Velázquez, Sorolla se cuela en la composición en el reflejo del espejo.
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Desnudo de mujer (1902)
La fotografía no recoge todos los matices de la sábana que se extiende bajo el cuerpo desnudo de Clotilde. Sorolla pintó a su mujer demostrando su profunda influencia de Velázquez, pues evoca a la Venus del espejo.
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Sol de la tarde (1903)
Sol de la tarde supone la madurez en la carrera de Sorolla. Pinta el atardecer en una playa de Valencia y se confirma como el artista de la luz.
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Verano (1904)
Sus escenas cercanas al mar, en el que captaba instantes imperecederos, le procuraron gran fama internacional.
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María de los Ángeles de Beruete y Moret (1904)
La clase alta española bebía los vientos por el artista, que se convirtió en uno de los retratistas más deseados. Sorolla demostraba su talento como pintor y su gusto por la moda. En sus viajes, compraba ropa para su mujer y sus hijas, y les asesoraba sobre tendencias. En sus cuadros, los vestidos captan la atención del espectador casi por igual que el personaje.
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La actriz María Guerrero como La dama boba (1906)
Muchas actrices y cantantes quisieron ser inmortalizadas por Sorolla. En el caso de María Guerrero, además, era vecina y amiga del pintor. En esta obra, el valenciano homenajea a Velázquez con esta pose, vestido y gama cromática que remiten al retrato de La infanta doña Margarita.
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Retrato de Alfonso XIII con uniforme de húsares (1907)
El valenciano era aclamado en Europa y Estados Unidos. Se había convertido en el retratista favorito de la burguesía y la nobleza y llegó a pintar al rey Alfonso XIII o al presidente de Estados Unidos.
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El baño del caballo (1909)
Las empresa de souvenirs han convertido este cuadro en sombrillas, toallas, bolsos y libretas. Pertenece a una serie de escenas de la playa valenciana de El Cabañal pintadas tras su regreso de los Estados Unidos. Los blancos y los azules pueblan la escena.
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Después del baño (1909)
El pintor se impregnó del gusto académico predominante en París, que quedó reflejado en obras como ésta. Su primera visita a la capital francesa fue en la primavera de 1885, pero repetiría en infinidad de ocasiones. Solo y en compañía de su mujer, Clotilde.
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Paseo a la orilla del mar (1909)
Es, sin duda, una de las obras más conocidas del artista. Esta escena en la playa de la Malvarrosa, protagonizada por su mujer Clotilde y su hija María, está pintada en un momento de esplendor. La crítica y el mercado le acompañaban. Era ya el pintor español con más proyección internacional del momento.
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Chicos en la playa (1909)
Una obra más de la fructífera estancia de Sorolla en Valencia en el verano de 1909.
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Clotilde con matilla negra (1911-1920)
Sorolla fue un hombre profundamente familiar, que intercambió cientos de cartas con su esposa cuando pasaba periodos lejos de casa. Instaló su taller en una zona central de su vivienda para compartir tiempo con sus hijos. Clotilde fue una de sus principales modelos. Aquí posa elegante, de negro, demostrando la maestría del valenciano en el uso de los colores oscuros.
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Barcas varadas en la playa (1915)
Casi se puede apreciar el viento que sopla para ondear las velas de esa forma, saliéndose del propio cuadro.
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Sevilla. Los nazarenos (1914)
La Hispanic Society of America le hizo a Sorolla un encargo descomunal, que le ocuparía casi ininterrumpidamente desde 1911 hasta 1919. Viajó por toda España recogiendo sus gentes y costumbres. Le llegaría a costar la salud.
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Ayamonte.La pesca del atún (1919)
Es la última de las obras realizadas para el encargo de la Hispanic Society of America, compuesto por 14 paneles y titulado Visiones de España. Una vez concluida la ardua tarea, volvió a casa y disfrutó pintando en su jardín.
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Retrato de Mabel Rick, Señora de López de Ayala (1920)
El 17 de junio de 1920,Joaquín Sorolla se encontraba en el jardín de su casa – hoy día sede del Museo Sorolla – dando las últimas pinceladas, bajo la luz natural, a Retrato de Mabel Rick, Señora de López de Ayala, cuando sufrió un accidente cardiovascular. Murió tres años más tarde, pero ya no pudo volver a pintar.