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Juan Manuel González

'Ira de Titanes'

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Ira de Titanes es la secuela de Furia de Titanes, aquella modernización en 3D digital de la última película auspiciada por Ray Harryhausen, convenientemente adaptada a los requerimientos del taquillazo apto para el consumo rápido de palomitas en multicines. En esta ocasión, cambiamos de director y del francés Louis Leterrier pasamos al joven norteamericano Jonathan Liebesman, quien aplica en Ira de Titanes un estilo visual más dinámico y vivo, muy similar al de su anterior Invasión a la Tierra, aunque también sin ese aura de encanto arcaico que proporcionaba la claridad visual de su precedente.

Lo cierto es que salvo eso, las nuevas aventuras del semidios Perseo, interpretado por el mohíno Sam Worthington, todo sigue igual. El protagonista, obligado a tomar parte contra la conspiración urdida por su hermano Ares (Edgar Ramirez) contra el padre de ambos, Zeus (Liam Neeson) y rescatar a éste último de las garras de Hades (de nuevo, Ralph Fiennes), apenas se distancian de los defectos y virtudes de Furia de Titanes, y que son los del blockbuster de acción más estándar, esta vez de inspiración fantástica y grecolatina.

Liebesman filma el cotarro cámara en mano y con ocasionales destellos de garra visual, como esa batalla inicial en el poblado que el director resuelve a partir de un par de eficaces planos secuencia. No obstante, no puede apenas maquillar –y tampoco muestra el menor interés por hacerlo- los atajos que toma el guión de la cinta, que derrocha posibilidades (el puñado de secuencias en el laberinto del Minotauro, resueltos en un par de brochazos) al tiempo que enfatiza los valores del cine-videojuego según su patrón más común. La ambientación mediterránea de Ira de Titanes, en definitiva, pedía menos pantalla azul y más embrujo sensorial y de serie B.

¿Lo que ganamos respecto a su precedente? Es cierto que Ira de Titanes potencia algo más el enfrentamiento entre Ralph Fiennes y Liam Neeson (que nunca llega a emocionar realmente), así como el reparto de secundarios ilustres (por ahí andan Bill Nighy, Danny Huston y la siempre injustamente menospreciada Rosamund Pike) y añade a su rebeldía macarra algún que otro pitch de tímido agnosticismo. Nada de todo esto sobrepasa el nivel de un póster publicitario, ni llega realmente a ser enunciado por sus responsables, y por eso Ira de Titanes no pasa de ser el típico y mecánico revienta taquillas primaveral.

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