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Juan Manuel González

'El alucinante mundo de Norman'

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El alucinante mundo de Norman es el segundo filme de animación stop-motion del estudio Laika después de la fascinante Los mundos de Coraline. Pese a no venir dirigida por Henry Selick, que rompió con el estudio tras rematar aquella maravilla, la película de Chris Butler y Sam Fell insiste de todas formas en la mitología del cine de terror norteamericano, aunque dejando algo atrás el aire de cuento cruel, para abordar una aproximación más tradicionalmente terrorífica, tanto gótica como en su faceta más ochentera, con textura de VHS y música de sintetizador, para presentar una comedia de terror animada fotograma a fotograma con un dominio técnico irreprochable. No obstante, y pese a su apariencia de entretenimiento familiar -lo es-, El alucinante mundo de Norman logra distanciarse del mero guiño u homenaje para plantarse con los dos pies en el suelo como, probablemente, la mejor cinta de animación de este 2012.

Tras unos treinta minutos gozosamente introspectivos, que anclan la fantasía a lo terrenal y cotidiano -el legado Amblin es todavía indescifrable-, y en la que brilla la partitura de Jon Bryon (ojo a ese momento de Norman paseando por la calle y saludando a sus "vecinos"), la película se repone de su guiño inicial a El Sexto Sentido para realizar no sólo un homenaje al cine del terror, sino un completo estudio sobre la naturaleza del miedo, representado aquí en el acoso escolar, la represión social, y la incomprensión familiar. No obstante, el asunto pronto se anima en una película de aventuras suburbanas que brilla, de todas formas, por su progresión ejemplar, por un compacto desarrollo que culmina en un clímax emocional y fantasioso de notables proporciones.

A diferencia de la también notable Frankenweenie -otra que lidia con la muerte, el duelo, con aires trágicos pero desacralizadores-, ParaNorman avanza sin problemas y con una fluidez ejemplar hasta ese desenlace gracias a su soberbio amarre al cine Amblin: hay una pandilla, una reconciliación familiar, y un completo manual de supervivencia del más débil, todo ello entre guiños a Posesión Infernal, Halloween o incluso La Niebla (y no, no se me olvida Una pandilla alucinante (1987) del abandonado Fred Dekker, un verdadero guateque de satisfacciones para el fan con sustancia). Regocijo.

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