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Juan Manuel González

Crítica: 'Monstruos University', de Pixar

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Doce años ha tardado la factoría Pixar en estrenar la nueva entrega de Monstruos. S.A, película que en 2001 ayudó a consolidar la fama del estudio como relevo de la mismísima Disney, así como de establecer la técnica digital contra lo que podríamos denominar dibujos tradicionales. Y lo hace tras haber tocado techo con Toy Story 3, verdadera obra maestra en la que la factoría se atrevió a narrar (en una cinta infantil, recordemos) el ocaso y muerte simbólica de los personajes icónicos de la compañía, los entrañables Woody y Buzz Lightyear, además de haber presentado al público dos de sus películas menos valoradas, la insustancial pero espectacular Cars 2 y la fallida (pero fascinante) Brave, ganadora del Oscar a la mejor película animada. Monstruos University es una precuela que llega, por tanto, en un momento de huida hacia atrás de la compañía, de relevo en la primera línea de directores (hace escasos meses la compañía anunció la secuela de otro de sus grandes éxitos, Buscando a Nemo) y también, por primera vez, de cierta desconfianza del entorno hacia el nivel de inspiración creativa del estudio.

Hablemos claro. Si algo vuelve a demostrar Monstruos University es la supremacía técnica de Pixar, que vuelve a obsequiar al espectador sin apenas signos de esfuerzo con un mundo colorista diseñado con un nivel de detalle y perfección visual extraordinarios. Y también del tono optimista, amable y cordial hacia sus personajes y el público, que resulta en una extraña sensación de complicidad, de honestidad. No obstante, y pese a solucionar algunas de las lagunas de Cars 2 e incluso de la primera Monstruos S.A. (película entrañable donde las haya, pero tampoco la mejor del estudio) Monstruos University carece emotividad e ingenio de su original, de la poesía de la citada Toy Story 3... y por supuesto del poder de seducción de un cóctel explosivo como Los Increíbles, para quien esto escribe -y sin ánimo de que la afirmación sea relevante- la mejor producción de todas las citadas.

Monstruos University es una comedia que toma por banda todos los tópicos habidos y por haber en el género escolar y universitario (que John Landis supo llevar al territorio épico en Desmadre a la americana) y en lugar de elaborar una parodia loca como hubiera hecho Dreamworks, estudio rival de Pixar, sigue sus lugares comunes a pies juntillas y con toda la confianza y candidez posibles. Sin ser Pete Docter (director de la primera Monstruos y de Up), Andrew Stanton (Wall-E, Buscando a Nemo) o Brad Bird (Ratatouille, Los Increíbles), el realizador Dan Scanlon demuestra conocer las claves de la autoría Pixar, su optimismo desaforado pero no cursi, su narrativa pulcra y honesta, carente de ironías pero siempre perspicaz y cordial con su público y personajes, cuyo conflicto íntimo resulta el verdadero motor de la acción.

Pese a no resultar desangelada como las peores secuelas de sus rivales (ahí tienen los Shreks, Ice Ages y otras) la película sufre por convencional, y sobre todo acusa la carencia de un personaje capaz de seducir a la audiencia como en la primera lo hizo la entrañable Boo. Pero no cerremos el kiosko: lo mejor de Monstruos University ocurre al final. En los últimos veinte minutos del relato, los magos de Pixar consiguen obsequiarnos con un extraordinario climax así como anotar a pie de página, con la agudeza y clase habitual del estudio, una serie de contradicciones y paradojas que -esta vez sí- revelan un interés por ir más allá de lo convencional, por reflejar una determinada ética del trabajo como remedio para un mundo complejo y complicado, pero en última instancia, feliz. No está mal, pero recordemos que Dreamworks ha estrenado recientemente dos joyas como Los Croods o Cómo entrenar a tu dragón, cintas que podrían haber sido firmadas por Pixar en sus mejores tiempos.

Como es habitual en el estudio, antes de la película se proyecta un corto, esta vez de título The Blue Umbrella: una historia romántica y de despertar al mundo protagonizada por...¡un paraguas!. En él se aprecia que Pixar no ha perdido el lirismo de sus mejores largos, aunque ahora los encapsule en siete minutos de poesía y arte. Quizá Monstruos University hubiera sido un formidable corto, y no sólo una correcta película.

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