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Trueba, vaya tostón

Termina la Sección Oficial del Festival de Málaga, sin duda la más floja de los últimos años. 

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Termina la Sección Oficial del Festival de Málaga, sin duda la más floja de los últimos años. 
Fotograma de la película. | Casi 40

Definitivamente este no es el mejor año de la Sección Oficial del Festival de Málaga. De hecho, la película que más nos ha gustado de esta semana repleta de cine es Jefe (Sergio Barrejón), que compite inexplicablemente en Málaga Premiere y no en la principal sección del certamen.

El viernes comenzaba con Casi 40, la última película de David Trueba, un cineasta que nos ha regalado títulos como Vivir es fácil con los ojos cerrados o Qué fue de Jorge Sanz. En Casi 40 recupera 22 años después a los protagonistas de su ópera prima, La buena vida. Es decir, a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, dos actores desaparecidos desde hace años del panorama cinematográfico.

La premisa es interesante, un chico llamado a triunfar termina con el paso de los años siendo uno más y ve en la organización de una gira de una cantante no muy conocida y retirada su oportunidad de llenar su vida. ¿Cuál es el problema? Pues que no pasa nada. Durante toda la película estás esperando a que salte el conflicto entre este par de amigos distanciados por el tiempo y las circunstancias. Los motivos por los que ella acepta volver a cantar en librerías con 20 personas como aforo. Los verdaderos motivos por los que él organiza esta peculiar gira. Pero en su lugar lo único que encuentra el espectador es nostalgia.

Por momentos parece que David Trueba, que sin duda tiene mucho que aportar todavía al cine, se haya cansado de esta industria y esté replegando velas. La nostalgia está bien dosificada, pero en Casi 40 tenemos demasiada dosis.

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El día lo solucionaba en parte Los buenos demonios, de Gerardo Chijona, coproducción hispano-cubana y última película a concurso de la Sección Oficial. Cinta entretenida ambientada en La Habana donde un joven sin ningún tipo de moral o ética asesina a turistas para robarles el dinero. Un chico joven, bien parecido, atento con todos sus conocidos... de esos que cuando sale la noticia sus vecinas dicen "pues no parecía un asesino, a mí me saludaba todos los días".

Los buenos demonios aborda numerosos temas, los asesinatos al final son sólo un trasfondo. El chico tiene una madre obsesionada con él mientras él vive obsesionado de su vecina, mucho mayor que él. Chijona nos muestra a la perfección el mercado negro, el desabastecimiento que vive Cuba o las corruptelas a todos los niveles. Lo único que te saca de la película son las casas de los protagonistas, luminosas y lujosas. Según Chijona, no quería que la atención se centrase en la pobreza de los protagonistas sino en sus miserias morales.

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