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'Fly me to the Moon', el retorno triunfal de la comedia clásica y romántica americana

Fly me to the moon, que se estrena en cines este viernes, es una comedia clásica mucho más inteligente de lo esperado.

Fly me to the moon, que se estrena en cines este viernes, es una comedia clásica mucho más inteligente de lo esperado.
Fly me to the moon. | Sony

La de Fly me to the moon, que podría calificarse como un (gran) retorno a cierta comedia clásica norteamericana, es una lucha contra la gravedad. Como el trabajo de los astronautas que sirve de trasfondo al filme, pero "aterrizando" en un complicado territorio (romance, screwball, cine de ficción histórico), la película de Greg Berlanti, que por cierto exhibe una fenomenal factura cinematográfica, hace de la necesidad virtud y recrea los años 60 como una idealizada fotografía de Norman Rockwell, pero añadiendo notas de una inteligencia y sentido común que van más allá de la nostalgia.

La película se divide en dos: el romance entre una pícara estratega publicitaria y la de un ingenuo y honrado trabajador de la NASA, y todos los preparativos del lanzamiento del Apolo XI… incluyendo la simulación de un aterrizaje falso en la luna, aquel que se rumoreó dirigió el mismísimo Stanley Kubrick. A Berlanti le interesan de verdad ambas cosas y se sirve de Scarlett Johannson, también productora, y Channing Tatum, de feliz regreso, para demostrar que basar una película en el puro carisma de las dos estrellas es un ejercicio no solo válido, sino en el terreno cinematográfico en el que nos hallamos, hasta refrescante. Acompañados de ambos actores, Fly me to the moon se siente como un homenaje a la comedia de los 50 y 60 pero también una aventura romántica de los 90, territorio ya igualmente pretérito cuando rozamos el primer cuarto del siglo XXI.

Pero lo que distingue Fly me to the moon, lo que convierte la película en un ejercicio narrativo mucho más inteligente, es su voluntad de agradar a todos pero sin postrarse ante nadie. El film no oculta, a través de las frases de un excelente Woody Harrelson, que estamos no ante una carrera por llegar a la luna sino ante una determinante pugna ideológica. En esta tesitura, el único arma de EEUU contra la dictadura hermética rusa es equilibrar la decencia y la mentira, encontrando un equilibrio propio entre ese mundo capitalista capaz de colocarle un Mustang descapotable a cualquier pringado como un ideal, pero en última instancia dirigido a construir algo decente. Todo eso, ese maremágnum de obviedades olvidadas, la película lo representa con cielos spielbergianos (u horizontes fordianos), cierta audacia payasa a la hora de representar los clichés de género tan criticados en los últimos años y los buenos mimbres de un guion que, sin ir más lejos, considera a los personajes secundarios, desde Harrelson hasta un ex-ce-len-te Ray Romano (esa escena con Johansson cuando Tatum decide "huir" de la base) como una herramienta para reforzar los principales y no para abrir subtramas.

Fly me to the moon probablemente se pasa de duración, con 130 minutos que quizá debieran ser quince menos, dando la impresión de que sus ambigüedades y audacia reflexiva en ocasiones entorpecen el desarrollo, pero todo se perdona en un filme que de alguna manera encuentra verdades tangibles en la nostalgia y las múltiples simulaciones de un mundo que ya nos parece virtual… y, ojo, su plantación a través de la imagen, de esa representación (si quieren, el cine) que al final es capaz de usurparlo todo. Al final y como buen ejercicio clásico, el filme da un paso atrás para reivindicar la búsqueda de sentido en medio de ese panorama artificial. Y por eso quizá pone la técnica al servicio de la historia, con el televisivo Berlanti dejando hacer al mítico director de fotografía Dariusz Wolski para suplir posibles carencias y permitiendo a Daniel Pemberton encontrar algún instante musical genuinamente inspirador, desde luego inesperado en una "simple" comedia romántica.

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