'Manhattan Sur' (1985), o un Año del Dragón que saca las vergüenzas del thriller actual
Michael Cimino dirige a Mickey Rourke en esta cruda cinta sobre la corrupción policial y las mafias de Chinatown. Un relato de violencia y poder.
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Manhattan Sur (1985), título con el que se estrenó en algunos países hispanohablantes Year of the Dragon, es una de las películas más controvertidas y personales del director Michael Cimino. Ambientada en el barrio chino de Nueva York durante los años ochenta, la cinta combina el cine policíaco con una mirada oscura sobre el poder, la corrupción y el conflicto cultural, elementos recurrentes en la filmografía del director de The Deer Hunter.
La película fue un fracaso morrocotudo en taquilla a mediados de los ochenta. Y Dani Palacios y Juanma González dedican un programa entero de Par-Impar a analizar esta película con muchos retazos del guion de El precio del poder, rodada apenas dos años antes y con el mismo guionista: nada menos que Oliver Stone.
La historia sigue al capitán Stanley White, interpretado por Mickey Rourke, un veterano de la guerra de Vietnam convertido en policía, conocido por sus métodos brutales y su desprecio por la burocracia. White es asignado a liderar una ofensiva contra las tríadas chinas que controlan el crimen organizado en Chinatown. Desde el inicio, el personaje encarna una visión extrema de la ley y el orden, impulsado por un código moral rígido que choca tanto con sus superiores como con la comunidad a la que pretende "proteger".
Uno de los aspectos más llamativos de Manhattan Sur es su representación del choque cultural. Cimino retrata Chinatown como un espacio cerrado, regido por normas propias, tradiciones ancestrales y estructuras de poder invisibles para el mundo exterior. Esta representación fue duramente criticada en su momento por sectores de la comunidad asiático-estadounidense, que acusaron a la película de reforzar estereotipos raciales y presentar a los personajes chinos casi exclusivamente como criminales o figuras amenazantes. La polémica marcó el estreno del filme y afectó su recepción crítica.
Sin embargo, más allá de estas controversias, la película destaca por su ambición estética y narrativa. Cimino construye una Nueva York nocturna, lluviosa y opresiva, filmada con un estilo visual detallista y grandilocuente. La violencia no se presenta como un espectáculo gratuito, sino como una consecuencia inevitable de un sistema corrompido, donde la ley y el crimen se reflejan mutuamente. En este sentido, Stanley White no es un héroe clásico, sino un personaje trágico, atrapado por su propio fanatismo y su incapacidad para comprender el mundo que lo rodea.
El enfrentamiento entre White y Joey Tai, el joven y carismático líder de las tríadas interpretado por John Lone, funciona como el eje dramático del film. Ambos personajes representan formas opuestas de poder, pero comparten una ambición desmedida y una visión jerárquica del orden. Esta simetría refuerza una de las ideas centrales de Cimino: la delgada línea que separa a quienes imponen la ley de quienes la transgreden.
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